Matan con bomba en el Líbano a otro líder antisirio

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Beirut (EFE, AFP, Reuters) - El diputado libanés antisirio Walid Eido, presidente de la Comisión de Defensa del Parlamento, murió ayer junto a su hijo y ocho personas más en un nuevo atentado que sacudió el centro de Beirut.

El ataque, uno más en la larga lista que se atribuye a elementos prosirios en el Líbano, causó fuerte preocupación internacional, ante la posibilidad de que el Líbano se precipite una vez más hacia la guerra civil.

Eido pertenecía al partido Corriente de Futuro, que dirige el propio hijo de Hariri, Saad Hariri, una agrupación distinguida por su radical tono antisirio.

El ministro libanés de Comunicación, Marwan Hamadé, acusó al régimen sirio de la muerte del diputado, afirmando que el ataque apuntó a «reducir la mayoría parlamentaria» antisiria.

«Es el mismo asesino en serie que quiere reducir la mayoría parlamentaria (antisiria). Es una liquidación física llevada a cabo por el régimen sirio», aseguró.

  • Estallido

    Eran las 5.30 de la tarde cuando Walid Eido subió a su coche Mercedes en compañía de su hijo Jaled y de dos policías que le solían servir como guardaespaldas. Casi inmediatamente después de arrancar el coche, una bomba estalló con tal potencia que los dos policías salieron volando por las ventanillas, mientras que los cuerpos del diputado, de 65 años, y de su hijo no pudieron ser retirados por horas del coche convertido en chatarra.

    El atentado dejó, en total, diez muertos y once heridos, estos últimos, trasladados al Hospital Americano de Beirut.

    Se desconocía anoche la identidad de seis de los muertos y se afirmó que algunos de ellos quedaron con su rostro tan desfigurado que será difícil identificarlos.

    La explosión, que recuerda a la que en febrerode 2005 acabó con la vida del ex primer ministro antisirio Rafic Hariri y veinte personas más, pudo oírse en una vasta zona del centro de Beirut, ya que tuvo lugar en el barrio de Al-Manara, entre las playas de Sporting y de Long Beach.

  • Imágenes

    Las cadenas de televisión mostraron imágenes de los grandes destrozos causados por la explosión, que dejó varios coches incendiados en las cercanías.

    El de ayer es el último de los atentados que han tenido como blanco personalidades antisirias, entre políticos, periodistas y funcionarios del gobierno (ver aparte). Ningún grupo se lo ha atribuido.

    El ataque se produjo en un momento de gran inestabilidad institucional en el país, pues el gobierno ha sido abandonado por seis de sus ministros (chiitas), el Parlamento no se reúne desde hace meses y el presidente Emile Lahud (cristiano) está enfrentado con el primer ministro, Fuad Siniora (sunita).

    Siniora es un moderado, apoyado por Occidente y resistido por Siria y sus aliados locales, sobre todo el partido chiita Hizbollah -que responde a Damasco y Teherán-, que ha intentado derrocarlo mediante el retiro de funcionarios y la convocatoria a masivas manifestaciones.

    Un motivo clave para explicar la discordia entre Siniora y Hizbollah fue el apoyo del gobierno a la creación de un tribunal internacional en el marco de las Naciones Unidas para investigar el asesinato de Rafic Hariri, constituido el pasado 10 de junio. Su muerte generó, en su momento, una fuerte ola de protestas antisirias, que obligaron a ese país a retirar del Líbano a los miles de soldados que mantenía en el país, al que había convertido en una suerte de protectorado.

    La Casa Blanca salió de inmediato a condenar el atentado, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, hizo lo propio con «la mayor firmeza».

    «Recibo con gran tristeza e indignación la noticia del atroz asesinato de Walid Eido, diputado de la mayoría en el Parlamento libanés, y de otras personas en Beirut», declaró el jefe de Estado francés en un comunicado. «Condeno con la mayor firmeza este nuevo atentado con un objetivo claro, el primero de su tipo desde la muerte del ministro Pierre Gemayel en noviembre», agregó Sarkozy.
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