Mesa, impotente ante dilemas de vieja data
En un interesante artículo, el influyente diario paceño «La Razón» publicó ayer un racconto de los orígenes de la crisis que ha puesto al país al borde de la anarquía. Según indicó, el renunciante presidente Carlos Mesa quiso impulsar una agenda que viene complicando al país al menos desde 1992. A continuación, los principales tramos del artículo.
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Esta, en definitiva, es la etapa más crítica de la democracia boliviana, desde su restablecimiento el 10 de agosto de 1982.
La diferencia con el primero es que Mesa había aceptado llevar una agenda que ninguno de sus antecesores recibió.
En 2000, el gobierno del presidente Hugo Banzer tuvo que enfrentar la llamada defensa del agua, la tierra y la coca, en durísimos conflictos que se desarrollaron en los departamentos de La Paz y de Cochabamba, a costa de muchas vidas. En esos hechos se confirmó la emergencia de movimientos no sindicales como la Coordinadora del Agua, los campesinos liderados por Felipe Quispe y los cocaleros del Chapare, de Evo Morales. Desde entonces, la Iglesia Católica hizo sonar la alerta para que partidos políticos y sectores sociales resuelvan un pacto nacional para evitar el descalabro político. Sus esfuerzos no prosperaron y, por el contrario, se agudizaron las diferencias, como la ocurrida en enero de 2002, cuando el sistema político intentó aislar al diputado Evo Morales, quitándole el fuero legislativo. Y cuando se desarrollaba el proceso de las elecciones presidenciales para la gestión 2002-2007, tomó fuerza la principal demanda de los indígenas:la realización de la Asamblea Constituyente, aquella que no fue aceptada por el MNR en 1992.
El pedido tuvo escaso eco. Los resultados de esos comicios hicieron que Goni dé prioridad a la búsqueda de la gobernabilidad y a la aplicación de un plan de gobierno asentado en medidas económicas y sociales.
En 1992, cuando el presidente Jaime Paz Zamora gestionaba un acuerdo político como el que surgió el 9 de julio de 1992, los dirigentes cívicos de Santa Cruz y de Chuquisaca se movilizaron y paralizaron a sus regiones con el fin de que el gobierno descentralice el Estado para empoderar más a las regiones. La gestión de Paz Zamora impulsó el debate, pero postergó la aprobación de una Ley de Descentralización.
A su turno, el presidente Sánchez de Lozada dio prioridad a la Ley de Participación Popular, la que municipalizó el país, y le dio importancia secundaria a la demanda de poder regional.
Esta es la pesada agenda que está pendiente:
• Ley de Hidrocarburos. El 13 de mayo, el presidente de la Cámara de Senadores, Hormando Vaca Díez, promulgó una Ley de Hidrocarburos que ha generado reacciones de todo tipo, entre ellas, la movilización de sectores sociales que demandan la nacionalización de los hidrocarburos.
• La Constituyente. En principio demandada sólo por los indígenas, ha concentrado el respaldo de sectores sociales y partidos políticos desde que el presidente Mesa asumió el compromiso de llevarla como su principal prioridad.
• El referendo autonómico. El mecanismo de democracia participativa tiene el camino expedito desde el aspecto legal, pues el movimiento cruceño ha logrado recabar el suficiente número de firmas para presentarlo como iniciativa ciudadana. Sin embargo, no ha logrado articular consenso con el resto del país, a pesar de que la profundización de la descentralización es una demanda que manifestó en 1992.



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