El Supremo Tribunal adjudicó parcialidad al exjuez Moro y reivindica a Lula da Silva

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Votó por 3 a 2 una "petición de sospecha". Fueron claves los chats filtrados en los que el exmagistrado orientaba a los fiscales para sacar al expresidente de las elecciones de 2018. Tiembla la Lava Jato: no solo podría quedar nula la causa del tríplex de Guarujá sino las que comprometen a decenas de condenados.

El Supremo Tribunal Federal (SFT) de Brasil dio ayer un paso trascendente hacia la plena reivindicación de Luiz Inácio Lula da Silva al declarar que el exjuez Sergio Moro actuó con parcialidad para condenarlo en la causa por el tríplex de Guarujá, estado de San Pablo, que atribuyó a una coima de una empresa constructora.

Por tres votos contra dos, la Segunda Sala del Supremo censuró la actuación de Moro, quien también fuera ministro de Justicia de Jair Bolsonaro, y abrió un ancho camino para la anulación de muchas de las actuaciones de este en las causas de la operación Lava Jato contra la corrupción, que queda temblando como una hoja. En efecto, si Moro fue parcial en un caso, ¿qué evitaría que cualquiera de los condenados por él pida ahora la anulación de su causa?

El voto decisivo correspondió a la magistrada Cármen Lúcia, quien quedó en el ojo de la tormenta por haber cambiado su parecer anterior.

Los ministros del Supremo votaron una “petición de sospecha” presentada por los abogados del expresidente. Al hacerlo, entendieron que Moro actuó con parcialidad, animadversión o motivaciones impropias, por lo cual instancias judiciales posteriores pueden anular sus decisiones. En principio, en el caso del tríplex, ¿pero por qué no en otros?

Un tramo tenso del debate se produjo cuando uno de los jueces, Kassio Nunes Marques, nombrado por Bolsonaro, cuestionó la validez de chats obtenidos por un hacker en los que Moro orienta de modo impropio a los fiscales: el juez de instrucción tiene el deber de velar por la juridicidad de las pruebas con las que los segundos sustancian las causas. Asimismo, en esos diálogos, publicados en su momento por el sitio The Intercept en 2019, surgía la intención de los protagonistas de quitar a Lula da Silva de la carrera electoral de 2018.

Nunes Marques le envió un dardo a uno de los defensores de la “sospecha”. “Está registrado en los anales de esta Corte la célebre y acertada frase del ministro Gilmar Mendes: no se combate el crimen cometiendo crímenes”.

Mendes se le fue encima. “Hasta ahora no hubo una sola persona que dijera que hay un dato falso en esas revelaciones (…). Ya dije que o bien el hacker creó una ficción o que estamos ante un gran escándalo. ¡No importa el resultado de este juzgamiento, la desmoralización de la Justicia ya se produjo!”, exclamó.

Para mayor claridad, Gilmar Mendes les preguntó a sus colegas: ¿Alguno de los señores le compraría hoy un auto a Moro? ¿Alguno sería capaz de comprar un auto a (Deltan) Dallagnol (fiscal de la Lava Jato)? ¿Son personas probas?”.

El STF había iniciado la reivindicación de Lula da Silva cuando el juez Edson Fachin declaró que Moro no fue el juez natural del caso del tríplex y de otro, que le atribuyó al líder del PT un campo en Atibaia, San Pablo. Para poder intervenir en esos casos, el exjuez debía vincular alguna norma firmada por Lula con las coimas en Petrobras, pero no lo logró. Así que, simplemente, Moro supuso en su fallo sobre el primero de esos casos “un acto de oficio indeterminado”, esto es apenas teórico, para sustentar su argumentación.

La Justicia ha sido rápida en Brasil para condenar a Lula da Silva y a decenas de políticos y empresarios, todo en base al uso y abuso de la figura del arrepentido y de las prisiones preventivas. Ahora, cuando la sociedad está menos sensibilizada con la corrupción, el Supremo cambia el rumbo.

Sin embargo, Lula da Silva ya estuvo preso 580 días y resultó proscripto en los comicios de 2018, lo que le abrió las puertas del poder a Bolsonaro.

Como se suele decir, cuando la justicia llega tarde ya no es justicia.

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