La semana pasada Evo Morales reunió a un grupo de periodistas en su pequeña vivienda de Cochabamba e, incluso, dejó que la fotografiaran. Aún no sabe si se mudará cuando asuma el poder el 22 de enero.
Cochabamba (AFP) - Evo Morales vive en una habitación de apenas 20 metros cuadrados en la populosa barriada de Villa Exaltación, Cochabamba, lejos de las comodidades, como la mayor parte de los bolivianos.
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Se trata de una casa de dos ambientes y una planta, con patio al centro y coronada por un árbol. Morales comparte la vivienda con una pareja de inquilinos. El líder cocalero, soltero de 46 años, ocupa una pieza que da acceso a un baño y a una cocina.
Ordena su ropa en un guardarropas modesto y sus libros, entre 300 y 400, en unos estantes encastrados en el ala norte del cuarto en el que una cama reduce sustancialmente el espacio. Es vecino de una barriada en la zona sur de Cochabamba, flagelada por los más altos índices de criminalidad del país.
En este barrio, cerca de la famosa Laguna Alalay, es muy común oír hablar de la ley del Talión. «Por aquí el robo se paga con la vida», atado a un árbol, golpeado y quemado vivo a manos de la turba furiosa, advirtió un vecino que señalaba a varios muñecos de trapo, «ahorcados», suspendidos de los postes del alumbrado público y de las copas más altas de los árboles, como la más cerril de las advertencias.
• Humilde
Morales vive como cualquier cochabambino: humildemente. «¿Qué siente con tanta prensa encima, cómo se siente tras ganar las elecciones?», le preguntó una periodista. El cocalero se detuvo y respondió: «Normal, como siempre, si no ha pasado nada...». Nada, además de convertirse en el primer presidente de origen indio en 180 años de historia de Bolivia, un país de mayoría aborigen.
No obstante, poco parece haberle sucedido a la personalidad de este aymara que, según sus vecinos, lava su propia ropa y que no se ha puesto traje y corbata sino en contadas ocasiones: cuando a los 13 años viajó por primera vez a una ciudad, Oruro, a unos 250 km del caserío andino de Isayavi, donde nació, cuando salió de trompetista de una banda carnavalera, y cuando alcanzó el bachillerato.
Hombre de pueblo llano, Morales no tiene problema en que la prensa local lo tutee.
Es, asimismo, heredero, juntoa sus hermanos Esther y Hugo, de un cuarto de paredes agrietadas, de 32 m2, construido de adobe y paja, en Isayavi, cantón de Orinoca, en el glacial Ande boliviano, a un par de kilómetros del paradisíaco Lago Poppó.
Morales aún no sabe si seguirá en ese pequeño departamento que alquila frente a la antigua estación de ferrocarriles de La Paz y que comparte con sus «compañeros» del Chapare, o si ocupará desde el 22 de enero, cuando sea investido, la lujosa residencia presidencial del exclusivo barrio paceño de San Jorge.
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