Nueva York se abre y apuesta al testeo y rastreo de Covid-19, pero cosecha fracasos

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La ciudad más rica del mundo en recursos humanos y sanitarios contrató a 3.000 trabajadores para investigar los contactos de los contagiados. Sin embargo, pierden la pista de dos tercios de los posibles nuevos vectores de difusión del mal.

Nueva York - La ciudad de Nueva York, la más ricas del mundo y dueña de recursos humanos y sanitarios sin paralelo, decidió apostar a una estrategia de cuarentena inteligente contra el nuevo coronavirus, pero la contratación de 3.000 trabajadores para realizar tareas de rastreo de contactos de enfermos de Covid-19 se está probando como un preocupante fracaso.

En medio de temores crecientes a una nueva ola de contagios en varias regiones de los Estados Unidos, la ciudad se apresta a poner en marcha hoy la apertura de comercios, oficinas y hasta espacios de comida al aire libre. Por esa razón preocupan especialmente los primeros datos del programa de rastreo de personas positivas de Covid-19 y sus principales contactos.

Según informó ayer el diario The New York Times, la ciudad contrató a 3.000 rastreadores de enfermos, quienes tienen la responsabilidad de identificar a cualquier persona que haya estado en contacto con quienes dan positivo en los exámenes, quienes aún se cuentan de a cientos cada día.

La estrategia sigue lo hecho por Corea del Sur, caso modelo en la materia, que destinó a dos trabajadores sociales por cada caso positivo y logró de ese modo aislar precozmente a quienes podían diseminar el mal, al que contuvo de modo muy eficaz.

Sin embargo, según el Times, de acuerdo con las primeras cifras del programa, que comenzó el 1 de junio, “los rastreadores a menudo no pueden localizar a las personas infectadas ni recopilar información sobre ellas”.

“Solamente el 35% de los 5.347 residentes de la ciudad que dieron positivo o se los presumió como tales para Covid-19 en las primeras dos semanas del programa dieron información sobre contactos cercanos”, informó.

A falta de una vacuna contra el virus SARS-CoV-2 y dados los graves efectos económicos de las medidas de confinamiento masivo, Nueva York apostó a sus amplios recursos humanos, económicos y de recursos sanitarios para ensayar una “cuarentena inteligente”.

Sin embargo, “los primeros resultados del programa (…) plantean nuevas preocupaciones sobre las dificultades para prevenir un aumento de nuevos casos a medida que los estados de todo el país vuelven a abrir” sus actividades, dijo el influyente diario de Nueva York.

“Las primeras estadísticas del programa indican que los rastreadores a menudo no pueden localizar a las personas infectadas ni recopilar información de ellas”, dijo.

“Se supone que deben identificar a cualquier persona que haya entrado en contacto con los cientos de personas que todavía dan positivo cada día, ya que la reapertura entra en una nueva fase” a partir de hoy, añadió.

Estados Unidos, el país más afectado del mundo y que teme una segunda ola de la pandemia, registró 568 muertes relacionadas con el nuevo coronavirus entre el sábado y ayer, según la actualización diaria de la Universidad Johns Hopkins.

Ese fue el décimo día con un número de muertes diarias menor que mil, aunque la situación en varios estados preocupa cada vez más y el total de decesos asciende a 119.654 y el de infectados, a 2.251.205.

Alrededor de 20 estados del país sufren un repunte de los contagios, mientras que el epicentro de la enfermedad en el país se ha trasladado desde Nueva York y el noreste hacia el sur y el oeste.

Después de haber caído por debajo de los 20.000, el saldo diario de nuevas infecciones confirmadas en los Estados Unidos ha aumentado a más de 30.000 en los últimos días. Es por eso que se teme una segunda ola de contagios de Covid-19 luego de la reapertura prevista en varios estados y las manifestaciones masivas contra la violencia policial y el racismo que han tenido lugar en las últimas semanas.

También el mitin de campaña que el presidente, Donald Trump, encabezó el sábado a la noche en Tulsa, Oklahoma, es considerado como un factor potencial de propagación del mal (ver nota aparte).

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