6 de agosto 2008 - 00:00

Olimpiadas: blindadas y bajo censura

Numerosos agentes de seguridad marchan frente al EstadioNacional en Pekín. Agrupaciones de periodistas denunciaronque a medida que se acerca la inauguración de losJuegos Olímpicos, aumenta la censura.
Numerosos agentes de seguridad marchan frente al Estadio Nacional en Pekín. Agrupaciones de periodistas denunciaron que a medida que se acerca la inauguración de los Juegos Olímpicos, aumenta la censura.
Pekín (EFE, AFP, DPA, ANSA) - La seguridad es la obsesión del gobierno chino, a tres días del inicio de los Juegos Olímpicos de Pekín. Tras el atentado en Xinjang, que se cobró la muerte de 16 policías, se reforzaron las medidas de prevención en la región, mientras que en la capital se intensifican las restricciones.

En la capital, los medios extranjeros deben solicitar permiso con 24 horas de antelación para grabar o realizar entrevistas en la famosa plaza de Tiananmen durante los Juegos Olímpicos, según informó la prensa local. Los periodistas deberán ser escoltados y sólo pueden acceder a la plaza por el lado este, según las autoridades municipales.

Esta medida se impone después de que los medios transmitieran la manifestación de un reducido número de vecinos en las cercanías del lugar, que protestaban por las expropiaciones derivadas de las obras de los JJOO, y su posterior enfrentamiento con agentes de la policía.

  • Represión

  • La plaza de Tiananmen fue escenario en junio de 1989 de la violenta represión por parte de Ejército Popular chino del movimiento por la democracia, que según estimaciones de organizaciones occidentales dejó cientos de muertos. Por otro lado, la policía china intensificó las medidas de seguridad en Xinjiang, según la agencia oficial «China News», tras el atentado del lunes atribuido a grupos separatistas musulmanes. Las autoridadesde la zona aseguran que «18 agitadores extranjeros» fueron detenidos tras el ataque con bomba de Xinjiang.

    En cualquier caso, el gobierno chino no se cansa en afirmar que pueden « garantizar la seguridad» de los Juegos Olímpicos de Pekín, según un portavoz del comité organizador (BOCOG), Sun Weide.

    «Hemos establecido un importante sistema de seguridad, y estamos preparados para hacer frente a cualquier tipo de amenaza», añadió, en una reunión con periodistas. «Existen riesgos que podrían afectar a un acontecimiento de esta magnitud, por lo que tenemos cientos de planes», resaltó Sun Weide.

    Agrupaciones de periodistas denunciaron que a medida que se acerca la inauguración de los
    Juegos Olímpicos, aumenta la censura.

    Las autoridades chinas se enfrentan a una situación paradójica. Por un lado, los JJOO han atraído a miles de periodistas de todo el mundo, y por otro las características del régimen de Pekín hacen que la libertad de prensa brille por su ausencia, a pesar de las promesas de una ligera apertura del país.

    Agentes de policía y paramilitares chinos trataron de impedir en las últimas horas de ayer la cobertura por parte de prensa extranjera del atentado terrorista de Xinjiang, para lo cual llegaron a agredir a dos periodistas japoneses y a otro de la «Agencia France Press» (AFP), además de destruir material.

    Los informadores japoneses fueron detenidos y golpeados por fuerzas paramilitares, confirmó la oficina en Pekín de su medio, la «Nippon Television Network Corp».

  • Paramilitares

    Los paramilitares trasladaron a los dos japoneses hasta la habitación de un hotel cercano, donde fueron golpeados con tal violencia que agarraron al fotógrafo de la cabeza y lo arrastraron en el suelo. Al cabo de dos horas, fueron liberados, según el informe emitido por el Club de Corresponsales Extranjeros de China (FCCC).

    En otro episodio similar, un grupo de policías irrumpió en la habitación de hotel de un fotógrafo de AFP y lo obligó a borrar las imágenes que había captado del área del ataque.

    ¿Libertad de prensa o seguridad del régimen? En medio de este delicado debate, clave para la imagen exterior china, un documento interno de la policía ordena a los agentes interferir lo menos posible en el trabajo de los reporteros.

    Esta orden emitida para la policía de la capital incluye la no interferencia en manifestaciones públicas sobre la polémica secta prohibida Falun Gong, el reciente atentado de Xinjiang, y otros asuntos delicados, como las cuestiones del Tíbet y Taiwán, excepto en sitios emblemáticos como, precisamente, la plaza de Tiananmen.
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