18 de abril 2006 - 00:00

Oposición sin cuartel

Roma- El centroderechaitaliano, abocado a convertirse en oposición, no dará tregua al futuro gobierno de centroizquierda de Romano Prodi, vencedor de las elecciones generales de los pasados días 9 y 10, pero con parquedad de escaños en el Senado.

Los cuatro partidos aliados en la Casa de las Libertades (Forza Italia, Alianza Nacional, UDC y Liga Norte) «hemos estado unidos en el gobierno y lo estaremos también, puede que más, en la oposición», dijo en una entrevista a «La Repubblica» el ministro de Economía, Giulio Tremonti.

El ministro de Economía -a quien se considera el ideólogo de la gran coalición exigida a Prodi por el primer ministro saliente, Silvio Berlusconi, vista la polarización del electorado- confía en una escasa duración del gobierno Prodi, que permita al centroderecha derrotado aspirar de nuevo al poder.

La Unión controla la Cámara de Diputados con 348 escaños, pero en el Senado tiene una mayoría muy justita de 158 senadores, incluidos los de la circunscripción extranjera, lo que la pone en manos de los senadores vitalicios para lograr la mayoría necesaria. El centroderecha confía en que a Prodi le resulte imposible gobernar, debido a esas cifras tan ajustadas y a eventuales tensiones en el seno de la coalición, formada por nueve partidos que van desde el comunismo hasta el credo casi democristiano. De hecho,Berlusconi martilleó a los italianos con este escenario durante la campaña electoral, dibujando a La Unión como «el partido de los impuestos» y como un conglomerado en el que, como aseguraba con dedo acusador, domina la izquierda radical.

La idea del centroderecha ahora -ante la negativa de Prodi a una «entente parcial» que vaya más allá del consenso en la elección del nuevo presidente de la República- es hacer la vida imposible al futuro gobierno del centroizquierda, con la esperanza de que dure menos que un caramelo a la puerta de un colegio. «Con el gobierno de Prodi, la izquierda entra en un campo de fuerza con la estructura política más débil que se recuerda en los últimos tres decenios», acusa desde su particular postura el ministro Tremonti.

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