10 de noviembre 2005 - 00:00

Otra noche de disturbios en Francia: incendian casi 500 vehículos y hay 203 detenidos

La violencia urbana en Francia descendió el jueves por tercera noche consecutiva luego que el gobierno adoptara poderes de emergencia, mientras crece la polémica por los planes del Ministerio del Interior para expulsar a los extranjeros que participen de los disturbios.

Dos semanas de desórdenes callejeros en suburbios pobres alrededor del país pusieron nervioso al gobierno conservador y provocaron que el primer ministro, Dominique de Villepin, invocara el lunes una ley con 50 años de antigüedad que permite imponer toques de queda y otras restricciones.

La medida coincidió con una fuerte caída en los ataques con bombas molotov contra autos, autobuses, edificios públicos y la policía por parte de jóvenes enfurecidos por el racismo, el desempleo y el duro trato de las fuerza de seguridad.

Muchos franceses recibieron con agrado la dura respuesta del gobierno, pero Villepin también se enfrenta a las acusaciones de haber exagerado al revivir medidas que datan de la guerra por la independencia que libró Argelia contra Francia.

"Está tranquilo. Está disminuyendo", dijo un portavoz del departamento de Seine-et-Marne, al este de París. Sólo impusieron restricciones como toques de queda
parciales Niza, en el sur del país; Orleans, en el centro; Evreux, en Normandía; Rouen y Amiens, en el norte.

"Hay signos esperanzadores pero no una reducción de la presencia policial", dijo un portavoz del Ministerio del Interior.

Durante la noche, jóvenes quemaron 482 vehículos comparado con los 617 de la noche previa y la policía arrestó a 203 personas desde las 280 previas, según datos del Ministerio del Interior.

Los suburbios pobres de París, donde los disturbios comenzaron el 27 de octubre, se mantuvieron tranquilos y las autoridades de la zona no debieron imponer restricciones.

Provocados por la muerte de dos jóvenes de origen africano que accidentalmente se electrocutaron aparentemente huyendo de la policía, los disturbios se dispararon por la frustración de jóvenes blancos y ciudadanos franceses de origen africano y árabe por una sociedad que consideran los excluye.

El ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, acusado por la oposición de agudizar pasiones con un fuerte lenguaje sobre los alborotadores, dijo al Parlamento que unos 120 extranjeros declarados culpables de participar en los altercados serían expulsados, aún cuando cuenten con permisos de residencia.

"Lo que estamos viendo es la restauración de la 'doble traición'", dijo al diario Le Figaro Pierre Henry, presidente de la asociación Tierra de Asilo que trabaja con inmigrantes.

Temores de que los disturbios podría expandirse al resto del Europa presionaron a la baja al euro y dañaron la imagen externa de Francia, aunque el ministro de Finanzas, Thierry Breton, dijo que la economía estaba ilesa.

Villepin y el presidente, Jacques Chirac, han estado bajo una fuerte presión para responder a los altercados más serios en Francia desde finales de la década de los 60.

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