Otro embate de prensa monopólica
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De cara a los comicios del año próximo (que -por ahora- auguran un triunfo de los demócratas), el intento del comisionado Martin parece audaz. Y seguramente provocará la misma reacción -tormentosamente adversa- y los mismos encendidos debates que generó en su momento la propuesta realizada por su antecesor, quien no logró concretar una iniciativa similar, detenida en su momento por decisión judicial.
En los Estados Unidos -cabe recordar- rigen (desde 1974) otras restricciones similares al control de los medios de comunicación masiva -además de la ya apuntada- que pretenden evitar los monopolios de prensa. Por ejemplo, una empresa en particular sólo puede tener el control de dos estaciones de televisión en los mercadosmás grandes, si hay -en el respectivo mercado- por los menos ocho estaciones de televisión y una de las que ella controla no está entre las cuatro más grandes. Asimismo, nadie puede controlar más de ocho radios en ninguno de los mercados más importantes. Porque la diversidad está en la esencia misma de la libertad de opinión, y la concentración, en cambio, en sus antípodas.
El debate que se reabre polarizaría los puntos de vista. Para las empresas, para las que el manejo de la información sólo tiene cara de negocio, la posibilidad de concentrar en sus manos el control sobre el mayor número posible de medios hace a la optimización de la rentabilidad de sus proyectos. En ese camino, algunos tienen ya permisos precarios con los que están dejando de lado las restricciones mientras tratan de consolidar su posición con la esperanza de que se concreten los cambios legislativos que para ello se requieren. En cambio, para los que se preocupan por las consecuencias de la concentración (que los argentinos conocemos bien), el fenómeno debe evitarse como defensa de la libertad de opinión. Entre los últimos, en los Estados Unidos, aparece la propia Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica.
Hasta la fecha, el ente que prohija la nueva iniciativa desreguladora -que preocupa- ha recibido millones de cartas adversas. Pero los intereses económicos siguen, como siempre, empujando. Como en todas partes.
(*) Ex embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas.




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