¿Podrá Santos desmarcarse de las inercias que hereda?
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Juan Manuel Santos.
En inercia parecida, aunque inversamente proporcional, está Hugo Chávez. Después de 11 años en el poder, el venezolano es un paladín de los récords negativos: la mayor inflación del continente (superaría este año el 45%); denuncias generalizadas de corrupción en el gobierno, incremento de los índices de inseguridad, desabastecimiento, vaciamiento de las cuentas públicas y malversación de la renta petrolera. Con el índice de aprobación más bajo en una década, Chávez -al igual que Uribe, un gran comunicador con la gente- necesita desviar la atención de sus desastres domésticos. Por eso es que le vienen tan bien -tanto como a Uribe- los episodios cuasi bélicos con sus vecinos. Por eso también, es poco probable que a partir de la asunción de Santos el venezolano decida quitarse la piel de lobo para colocarse el delantal de Heidi.
· Isla
Otro factor, poco percibido durante esta última crisis venezolana-colombiana, dejaría a Chávez más aislado que nunca, y, casi como una fiera enjaulada, más predispuesto aun a la confrontación distractiva con Colombia. Ese ingrediente es Cuba. Por primera vez, el régimen de los Castro, que siempre apadrinó a Chávez en todas sus aventuras antiuribistas (y, por extensión, anti-imperio estadounidense), le habría soltado la mano. Cuestiones prácticas: además de estar La Habana en un proceso de tibio acercamiento con Washington, sin petrodólares para repartir, el sobrino Chávez ya no sería un pariente a cortejar desde la isla.
El aislamiento, peligroso, de Chavez, confrontaría a su vez con un giro de timón en las relaciones exteriores de Colombia que prometió Juan Manuel Santos durante la campaña presidencial. Anticipó que buscaría la diversificación, tanto en el ámbito bilateral como también en la búsqueda de nuevos socios y alianzas estratégicas en el ámbito internacional. En otras palabras, la política exterior de Santos apuntaría a desmarcarse de su propio padrinazgo, casi exclusivo, de Washington (otra forma de aislamiento) para reforzar otras relaciones con el vecindario sudamericano, además de las incondicionales que hoy tiene con Chile y Perú.
Así, el cambio en las relaciones exteriores de la administración Santos rompería la inercia heredada de Uribe y buscaría una distensión con Venezuela. Resta saber si Chavez, cada vez más atrapado en su laberinto de fracasos, puede salir de su encerrona. Cabría una débil esperanza en la intercesión del brasileño Lula da Silva, quien hasta ahora supo llevar bastante bien al venezolano. Pero en enero 2011, quien lo suceda en Brasilia, sea José Serra o Dilma Rousseff, no tendrá esa paciencia franciscana. Por eso, no le quedará otra al colombiano Santos, que tomarse en serio eso de ser el 'santo' de la película que viene.



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