8 de noviembre 2005 - 00:00

"¿Por qué no nos ven plenamente franceses?"

Le Blanc-Mesnil - Viaje nocturno a Le Blanc-Mesnil,entre París y el aeropuerto Charles de Gaulle. A medio camino, en Aubervilliers, decenas de policías antidisturbios acorralan a un grupo de racailles («chusma») en el portal de un edificio. El barrio está calentito. Por la tarde han incendiado un gimnasio, han machacado el pie a una periodista coreana -lo suficiente como para internarla en un hospital- y la redada nocturna es espectacular: los agentes de las Compagnies Républicaines de Sécurité, con sus escudos de falange en formación, tienen más de romanos que de galos. Astérix no hubiera sabido en qué lado situarse.

Más allá de Aubervilliers, Le Blanc-Mesnil se mantiene relativamente tranquilo. El Forum, un espléndido centro cultural inaugurado hace una década, ilumina el suburbio: todas las luces de su interior están encendidas, como todas las luces interiores de los colegios, centros oficiales y comercios de Le Blanc-Mesnil. Para disuadir. Muchos locales, con generadores de energía autónomos para evitar una práctica de los asaltantes: el corte previo de electricidad. Nunca Le Blanc-Mesnil había tenido tanta iluminación nocturna, una luz potente, vacía, de quirófano.

Frédéric y un puñado más de miembros de Permanencia Ciudadana vigilan la entrada del Forum. Se han definido con este nombre porque sienten la obligación de ejercer de ciudadanos de día y de noche, y proteger los centros sociales.

• Explicaciones

Frédéric entrega un folio en el que explica la posición del barrio ante los disturbios. Con ese lenguaje de Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en Francia utilizan hasta los presidentes de escalera, los vecinos de Le Blanc-Mesnil y sus ciudadanos permanentes se sitúan en el bando que carga contra Nicolas Sarkozy, contra sus «soluciones simplistas» y su verbo « folklórico y provocador». Cargan contra «Sarko» y vigilan que nadie les queme el Forum, la piscina, la escuela de baile, el centro para jóvenes. «No somos una milicia -insiste Frédéric-. Sólo somos ciudadanos responsables.»

Frédéric nos acompaña a la piscina, que «allí tienen munición». Efectivamente, otro grupo de Permanencia Ciudadana monta guardia entre pastelitos caseros y vino de Burdeos. «Lanzaron un cóctel molotov contra la puerta -comenta Joël. Probablemente, el que lo lanzó se baña en esta piscina.

Nuestros dos mundos se cruzan». Y carga contra el ministro del Interior.
¿Es esto un problema étnico? Joël responde con un no matizado después de pensarlo mucho y de mirar como diciendo: «No me compliques la vida a esta hora de la noche, que nadie tiene la respuesta a esa pregunta».

Frédéric quiere mostrar que Le Blanc-Mesnil está en calma e insiste en dar una vuelta.

Llegamos al centro para jóvenes, la Casa de los Tilos. Unos jóvenes montan guardia frente al centro, y los vecinos les han traído algunos sándwiches y café. A diferencia de la piscina, aquí los ciudadanos permanentes son de origen magrebí y no sólo cargan contra «Sarko»: cargan más profundo.
«¿Por qué nos ponen etiquetas de origen? ¿Por qué no nos ven plenamente franceses?», repiten.

Tienen ganas de hablar.
«Cuando Francia ganó la Copa del Mundo se echó más gente a la calle que cuando la liberación de París. Zidane es la persona más popular de Francia, pero sus padres todavía no tienen derecho a votar. ¿Es eso normal?», afirma Rashid. «No sólo Zidane -añade-: mis padres llegaron a este país antes de que Franco tomara el poder en España y tampoco pueden votar.»

Lo que sienten adentro es de auténtico bolero: Amine y compañía tienen el «corazón partío» y hablan de felicidad.
Protegen el centro del fuego y a la vez casi justifican las quemas.

-Ya vienen esos estúpidos- murmura Amine al ver llegar un equipo de France 2 de televisión.

-Bonne nuit.

-¿Qué quieren esta noche?

¿Les quemamos unos coches?, le contesta Amine medio en broma. Medio en serio.

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