Patrizia D'Addario, la prostituta que pasó una noche con Silvio Berlusconi, en noviembre del año pasado en su residencia romana de Palazzo Grazioli, acaba de publicar un libro de memorias en el que narra numerosos detalles íntimos de sus relaciones con el premier italiano.
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"Que lo disfrute, presidente": el título del volumen deja pocas dudas sobre cual es la historia que D'Addario -descrita en la tapa como "la escort más famosa del mundo"- quiere contar a sus lectores, aunque la autora agrega también mucha información sobre su infancia, su juventud y los hombres que marcaron su vida.
Ante todo, por lo tanto, la principal protagonista de los escándalos sobre la vida personal de Berlusconi, cuenta la historia de "esa" noche, la del 4 noviembre, cuando se quedó a dormir en Palazzo Grazioli y compartió con el premier la ya famosa "cama de Putin", que el premier ruso había regalado a su homólogo italiano.
Era la segunda vez que D'Addario era invitada a una de las cenas-fiestas que organizaba Berlusconi en su residencia romana, y que para la prostituta tenían un claro sabor a harem.
"El iba de una a otra, las acariciaba y ellas lo acariciaban. Haciendo este trabajo pensaba haberlo visto todo, pero ésto me faltaba: veinte mujeres para un solo hombre. Para una orgía es necesario un numero más o menos equivalente de hombres y mujeres, o es difícil que se reparta el placer, pero aquí los demás hombres ni existen. Hay un sólo varón con derecho a la cópula: el premier", escribe D'Addario.
Tampoco faltan detalles sobre la intimidad del premier: "Me da consejos, me dice que me porte de una manera determinada para satisfacerlo. Le gustan mucho los preliminares, las caricias con las manos y la lengua son su pasión, y le gusta tanto darlas como recibirlas. Quizás más darlas".
D'Addario confirma asimismo un detalle fundamental: aceptó acostarse con Berlusconi para que éste la ayudara para obtener los permisos necesarios para reestructurar un hotel que le dejó en herencia el padre, pero "el premier me mintió, no me pagó: no era dinero que me tenía que dar, porque me había prometido otra cosa. Aún así, el intercambio no se hizo: yo le di mi cuerpo, él no me dio nada".
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