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Vladimir Putin retomó las amenazas a Europa.
Al dirigirse a las decenas de miles de serbios que se acercaron para seguir el desfile militar conmemorativo y aclamar a Putin, el mandatario ruso deseó que todos "seamos capaces de acordar sobre todos los puntos y dejar atrás todas las disputas", aunque nuevamente advirtió que "hay grandes riesgos en el tránsito", según reprodujo la agencia de noticias EFE.
Antes del encuentro de Berlín de la próxima semana, Putin, sus pares europeos y el mandatario ucraniano, Petro Poroshenko, se sentarán a negociar en Milán, en el marco de una cumbre Europa-Asia, una resolución pacífica del conflicto que enfrenta hace más de cinco meses a Kiev y milicias separatistas pro rusas en el este del país.
Desde el levantamiento rebelde, cerca de 3.700 personas murieron, cerca de 8.900 resultaron heridos y se estima que alrededor de un millón tuvo que abandonar sus casas y, en la mayoría de los casos, buscar refugio en territorio ruso.
La tensión provocada por el conflicto ucraniano hizo que los contactos de alto nivel entre Rusia y las potencias occidentales, incluyendo la cooperación con la OTAN, se redujeran casi al mínimo en los últimos tiempos, y Putin no viaja a Europa desde fines de junio, cuando hizo una breve visita a Viena.
A principio de septiembre pasado, Kiev, las milicias separatistas pro rusas, Moscú y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) firmaron un cese de fuego en Misk, la capital bielorrusa, y más tarde ampliaron el acuerdo y sellaron un memorando de paz.
Antes de viajar a Milán, Poroshenko promulgó una ley que, cumpliendo con uno de los puntos del memorando y pese al rechazo de algunos sectores del oficialismo, otorga autonomía a algunas regiones de las sublevadas provincias de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania.
Otro de los temas que podría surgir en la mesa de negociación en Milán es el proyecto ruso para construir el gasoducto South Stream, una vía que prevé evitar el territorio ucraniano y transportar el vital recurso energético a través del Mar Negro y luego por un recorrido que incluye Bulgaria, Serbia, Hungría, Eslovenia, Italia y termina en el corazón de Europa occidental.
Excepto Serbia, todos los países que participan de este multimillonario proyecto son miembros de la UE. Belgrado, sin embargo, fue aceptado por el bloque como candidato oficial para ingresar a la comunidad.
Durante su paso por la capital serbia, Putin destacó la importancia de avanzar en la construcción de South Stream, pese a los cuestionamientos de las principales potencias europeas y la conducción misma de la UE, que impulsan en cambio la construcción del gasoducto Nabucco.
Este planea transportar el gas de Azerbaiyán e Irán a través de Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría y de allí al resto del bloque europeo.
"Estoy convencido que el proyecto de South Stream es bueno para los consumidores europeos porque les permite reducir significativamente los riesgos en el tránsito. El retraso en su construcción está vinculado a factores exclusivamente políticos. Los políticos lastiman la economía", sentenció el mandatario ante una multitud de serbios que gritaban "Gracias Rusia".
Serbia depende de Rusia para la obtención de la mayor parte de su petróleo y más del 90 por ciento del suministro de gas natural.




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