6 de noviembre 2008 - 00:00

¿Qué espera más allá de las buenas intenciones?

La elección de Barack Obama como presidentede EE.UU. supone, en principio, una nueva orientación de la política exterior de ese país. Un cambio -concreto, aunque de profundidad aún incierta-que incluirá a América latina, por más que la región siga hasta el momento sin aparecer como una de las prioridades en su agenda.

La necesidad de la Casa Blanca de adoptar un enfoque multilateral y consensuado para tratar los problemas internacionales surge más de sus dificultades económicas actuales que de una preferencia personal del futuro mandatario. Es en ese contexto que las reacciones al resultado electoral del martes llegadas a Estados Unidos desde todo el mundo invitan a una mejora de los vínculos y a un incremento de la cooperación.

Hugo Chávez hizo punta ayer en ese sentido en el vecindario. No sorprende, ya que es quien, más allá de los Castro, mantiene desde hace tiempo relaciones más ríspidas con Washington. Recoge así el guante lanzado por Obama en su campaña, cuando señaló su disposición a entablar negociaciones con gobiernos hoy enfrentados al norteamericano, lista que incluye -además de a Cuba y a Venezuela-a actores aún más hostiles, como Irán y Siria. Eso sí, aclaró cauto, no será sin condiciones, y un encuentro a nivel presidencial será el corolario de avances logrados en tratativas previas y no el comienzo del proceso.

  • Intereses

  • ¿Qué ocurrirá cuando la luna de miel haya pasado, cuando la forma en que los distintos gobiernos perciben sus intereses nacionales ponga en entredicho las buenas intenciones? Probablemente las líneas de conflicto repliquen de un modo bastante aproximado las ya conocidas. Lo contrario, en el caso de Chávez, requeriría que éste abandone sus pretensiones de liderazgo en la región, su plan de rearme, su alianza con Irán y Rusia, su búsqueda de influencia en la política colombiana a través de las FARC... Si todo eso ocurre, será probablemente más por el desplome del precio del petróleo que por propia voluntad.

    Por lo pronto, ya hay un conflicto en ciernes y difícil de ignorar: la abusiva inhabilitación de importantes candidatos opositores para los comicios regionales del próximo día 23, por presuntos hechos de corrupción pero definida por voto legislativo y no por procedimientos judiciales. Algo muy similar a un proceso de proscripciones.

    Donde sí la política exterior norteamericana hacia la región virará con respecto a lo conocido en los últimos ocho años es en materia comercial. La crisis económica estadounidense, con su creciente secuela de destrucción de empleo, es una invitación al proteccionismo. Más con un gobierno demócrata, permeable siempre a la influencia sindical. Así, la única política real que tuvo la administración de George W. Bush en el hemisferio, la promoción de tratados de libre comercio, quedará de lado. Es de esperar que, al menos, sea reemplazada por otra.

    Colombia, el principal aliado regional del saliente gobierno republicano, ya comienza a sufrir por el cambio de época. El TLC ya acordado sigue -y probablemente seguirátrabado en el Congreso, más a partir de enero, cuando los demócratas reforzarán su mayoría en ambas cámaras. El argumento es la violación de los derechos humanos y sindicales en ese país, pero el reflejo proteccionista no es ajeno a la impasse.

    «Obama no va a tener mucho tiempo de mirar a América latina, pero, cuando lo haga, seguramente va a ver que tiene más coincidencias con gobiernos como el de Michelle Bachelet o el de Lula da Silva. Alvaro Uribe ya no tendrá en Obama a ese aliado incondicional que sí tenía en Bush», dijo a la agencia «EFE» el analista colombiano Daniel García Peña.

    De hecho, la coyuntura no ayuda a Uribe. Un escándalo por la ejecución ilegal de una veintena de jóvenes, a quienes se hizo pasar por guerrilleros abatidos en combate, es la punta de un témpano mucho mayor. Ya se cobró la cabeza del jefe del Ejército, Mario Montoya, y amenaza seriamente la del ministro de Defensa, el presidenciable -y enemigo íntimo de Uribe-Juan Manuel Santos. Con todo, hay que reconocer que el jefe de Estado expulsó del Ejército a 27 militares, entre ellos tres generales, lo que le permite en parte despegarse del escándalo.

  • Apoyo

    De cualquier forma, conviene prestar atención, otra vez, a lo estructural, a los intereses en juego. Es cierto que Obama no tiene experiencia, pero no conviene subestimarlo, y en su campaña no se privó, pese a las críticas mencionadas al gobierno de Uribe, de apoyar su política contra el narcotráfico -con los recursos económicos anexos-e, incluso, respaldó públicamente la operación del Ejército colombiano que terminó con la vida del ex número dos de las FARC, «Raúl Reyes», que implicó una incursión en territorio ecuatoriano y una colorida polémica posterior, que incluyó la movilización de tropas ecuatorianas y venezolanas.

    ¿Qué lugar podría ocupar la Argentina en ese contexto? La asunción de Obama puede significar para el país una buena oportunidad de reinserción internacional, acaso la principal promesa de campaña -incumplida hasta el momento-de Cristina Kirchner. Podría ayudar, en ese sentido, la prédica del gobierno nacional en favor de los derechos humanos, coincidente con la del futuro presidente estadounidense.

    La posibilidad de actuar además como factor de estabilización en Bolivia y de moderación de Chávez también ayudarían, aunque hay que reconocer que el segundo de estos temas se convirtió en los últimos años en una promesa incumplida ante la administración Bush.

    En cualquier caso, se deberá empezar por reconocer que la llave de la puerta de la Casa Blanca sólo podrá encontrarse en Brasilia.
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