La Habana - Menos de una hora necesitó Raúl Castro el sábado a la noche para bajar las expectativas de rápidos cambios económicos en la Cuba que dirige formalmente desde comienzos de año y llamar una vez más a los cubanos a apretarse el cinturón.
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«Hay que acostumbrarse a recibir no sólo buenas noticias», advirtió el presidente de 77 años en el estratégico discurso del 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional y la principal fecha en el calendario de la Cuba revolucionaria. La responsable: una maltrecha economía que, aunque registra algunos avances, aún no termina de recuperarse del todo del «período especial» -la grave crisis de los años 90 tras el derrumbe del bloque soviético- y la difícil coyuntura internacional.
«No olvidar -dijo- que estamos en medio de una verdadera crisis mundial que no es sólo económica; se asocia también al cambio climático, el empleo irracional de la energía y a crecientes problemas de todo tipo.» Una situación, agregó, que afecta a todos los países «y de manera particularmente dramática a los pueblos del Tercer Mundo».
No es que el difícil panorama económico sea nuevo. El propio Raúl Castro ya se encargó en los pasados meses de ir dejando claro que, pese a que hace un año en la misma fecha levantó las expectativas de muchos al subrayar la necesidad de «cambios estructurales» y reconocer que el salario no alcanzaba, reformas como una mejora de los ingresos o la eliminación de la doble moneda que tanto afecta a los isleños van a tardar un buen tiempo en realizarse.
La última vez fue tan sólo hace dos semanas, cuando ante el Parlamento declaró que «todos quisiéramos ir más rápido, pero es necesario actuar con realismo».
Con todo, para el economista disidente Oscar Espinosa Chepe el del sábado fue un discurso «pálido» que, a su juicio, confirma que la isla vive en las últimas semanas un «proceso de contrarreforma».
«Si no lo supiera bien, parecería que el discurso del año pasado y el de éste fueron pronunciados por personas distintas», señaló ayer, en referencia a la «falta de medidas concretas» de las que a su juicio adoleció la oratoria de la víspera. Algo que, advirtió, podría tener un riesgo político: «La gente está perdiendo la confianza en las palabras de Raúl, que había provocado ilusiones y expectativas de cambio».
A éstos, sin embargo, respondió directamente el general de cuatro estrellas la noche del sábado. «Todavía nos faltan muchas cosas que quisiéramos pudiera disfrutar nuestro pueblo, pero por muy grandes que sean nuestros deseos de resolver cada problema, no podemos gastar más de lo que tenemos», insistió Raúl Castro. De ahí, la nueva consigna: ahorrar.
«Es imprescindible ahorrar de todo, en primer lugar combustible», recalcó, conminando a la par a los responsables de la isla a «explicar oportunamente» a los cubanos las «dificultades» que se afrontan para « prepararlos para enfrentarlas».
Pero para Espinosa Chepe «no hay nada que explicar, la gente está acostumbrada a vivir en crisis, porque crisis la tenemos hace mucho rato». Y existe otro problema, añadió: «Al cubano se le acabaron los hoyos del cinto para apretarlo».
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