Versalles, Francia (EFE, AFP) - El papel franco-alemán de tirón en la nueva Europa y la renovada fuerza de las relaciones entre dos antiguos enemigos fueron los ejes sobre los que ayer giró la histórica sesión conjunta de la Asamblea Nacional francesa y el Bundestag germano.
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En el último acto de conmemoración en Francia del 40 aniversario del Tratado del Elíseo, el recuerdo del pasado, su comparación con el presente y la mirada hacia el futuro se hicieron patentes en el hemiciclo del Palacio de Versalles, donde unos 900 diputados de ambos países escucharon los discursos del presidente francés, Jacques Chirac, y del canciller alemán, Gerhard Schröder.
La Europa ampliada, «más rica en diversidad, pero también más heterogénea», necesitará el «motor franco-alemán», y la voz de París y Berlín ha de «levantarse para proponer e innovar, para abrir un camino a esta nueva Europa», dijo Chirac en su intervención. Esa Europa, añadió, necesitará un «centro de gravedad» frente a retos como la ampliación, los conflictos inter-nacionales y la globalización. «La experiencia prueba que, cuando Berlín y París se ponen de acuerdo, Europa puede avanzar y, si hay divergencia, Europa se para», su-brayó Chirac, quien instó a dar un «nuevo aliento» al pacto franco-alemán para «responder a los desafíos que nos lanza la recomposición del paisaje y de los equilibrios» en el continente.
En sus discursos, interrumpidos por los aplausos, tanto Chirac como Schröder resaltaron la importancia del tratado que en 1963 firmaron Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, pues de esta forma ambos países pasaban «página definitivamente a momentos terribles», en palabras del presidente francés. De hecho, aquel texto supuso el final de la histórica enemistad entre dos países enfrentados en numerosas ocasiones y que sólo una veintena de años antes habían sido «invasor» e «invadido».
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