Remedio liberal contra estancamiento
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Triunfante, Nicolas Sarkozy saluda a sus partidarios en París. Sabe
que arranca con ventaja la carrera al 6 de mayo: según analistas,
el resultado de ayer en las urnas dejó claro que el bloque de votantes
de derecha es más grande que el de izquierda.
El candidato reconoce, sin complejos, que desea reconquistar al electorado popular de Le Pen y dice que quiere hablar a la Francia del «no», la que llevó al líder ultraderechista a la segunda ronda de las Presidenciales de 2002 o rechazó la Constitución europea en el referendo de 2005.
Sarkozy, que en 1995 traicionó a su ex mentor Chirac al apoyar a su rival en las presidenciales, se hizo en 2004, en contra de la voluntad de éste, con las riendas del «gran partido de derecha y centro» que el presidente quiso construir tras su reelección.
Padre de tres hijos, uno de ellos con su segunda mujer, Cecilia, el candidato afirma que ha «cambiado»: «el joven enamorado de la aventura y dispuesto a sacrificarlo todo por su ambición se ha convertido en un adulto más tranquilo», indica en su libro «Juntos».
El que reivindica la «ruptura tranquila» y promete una política es tildado de atlantista y liberal, ha querido cobijarse en la figura del fundador de la V República, Charles de Gaulle, con una muy simbólica visita a su tumba, en la recta final de la campaña.
Sarkozy quiere que las horas extras sean pagadas todas 25% más, pero sin cargas sociales para las empresas ni impuestos para el trabajador.
Convencido de que se puede alcanzar el pleno empleo en cinco años, propone sacar a Francia del estancamiento con un contrato de trabajo único a tiempo indefinido y sancionar a los desocupados que rechacen dos ofertas sucesivas.
Planea limitar los impuestos a 50% de los ingresos, eliminar los derechos de herencia de 95% de las familias, y para 2012, reducir la deuda pública hasta 60% del Producto Interior Bruto (PIB).




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