23 de abril 2007 - 00:00

Remedio liberal contra estancamiento

Triunfante, Nicolas Sarkozy saluda a sus partidarios en París. Sabeque arranca con ventaja la carrera al 6 de mayo: según analistas,el resultado de ayer en las urnas dejó claro que el bloque de votantesde derecha es más grande que el de izquierda.
Triunfante, Nicolas Sarkozy saluda a sus partidarios en París. Sabe que arranca con ventaja la carrera al 6 de mayo: según analistas, el resultado de ayer en las urnas dejó claro que el bloque de votantes de derecha es más grande que el de izquierda.
El candidato conservador Nicolas Sarkozy dio ayer otro paso en su gran objetivo, la Presidencia de Francia. A sus 52 años, el enérgico candidato de la derechista y gubernamental UMP tiene ahora la oportunidad de suceder en el Palacio del Elíseo al que durante muchos años fue su mentor, Jacques Chirac, y con el que las relaciones terminaron siendo tensas.

El carácter ambicioso de Sarkozy tiene mucho que ver con ese alejamiento, porque desde hace años ya dejó entrever que su estrategia política tenía como fin alcanzar la Jefatura del Estado y en ese camino se ha enfrentado al hasta ahora gran patriarca de los conservadores franceses.

Durante la campaña, Sarkozy ha prometido a sus compatriotas revalorizar el trabajo, restaurar la «autoridad y el respeto» y responder a la « crisis de identidad» del país.

Sarkozy, que planea rebajar la edad penal y sistematizar las penas de cárcel para los reincidentes, prometió «limpiar» las barriadas conflictivas con mangueras de presión y llamó «gentuza» a jóvenes delincuentes, poco antes de que estallaran las revueltas de 2005 en esos focos de exclusión e inmigración.

Partidario de la «inmigración escogida», quiere endurecer las condiciones del reagrupamiento familiar y adaptar los flujos de inmigrantes a las necesidades y capacidades de acogida de Francia.

Su idea de crear un Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional ha suscitado fuertes críticas, hasta en su propio bando, por sus comentarios sobre el supuesto origen genético de la pederastia o los suicidios juveniles.

El candidato reconoce, sin complejos, que desea reconquistar al electorado popular de Le Pen y dice que quiere hablar a la Francia del «no», la que llevó al líder ultraderechista a la segunda ronda de las Presidenciales de 2002 o rechazó la Constitución europea en el referendo de 2005.

Sarkozy, que en 1995 traicionó a su ex mentor Chirac al apoyar a su rival en las presidenciales, se hizo en 2004, en contra de la voluntad de éste, con las riendas del «gran partido de derecha y centro» que el presidente quiso construir tras su reelección.

Padre de tres hijos, uno de ellos con su segunda mujer, Cecilia, el candidato afirma que ha «cambiado»: «el joven enamorado de la aventura y dispuesto a sacrificarlo todo por su ambición se ha convertido en un adulto más tranquilo», indica en su libro «Juntos».

El que reivindica la «ruptura tranquila» y promete una política es tildado de atlantista y liberal, ha querido cobijarse en la figura del fundador de la V República, Charles de Gaulle, con una muy simbólica visita a su tumba, en la recta final de la campaña.

Sarkozy quiere que las horas extras sean pagadas todas 25% más, pero sin cargas sociales para las empresas ni impuestos para el trabajador.

Convencido de que se puede alcanzar el pleno empleo en cinco años, propone sacar a Francia del estancamiento con un contrato de trabajo único a tiempo indefinido y sancionar a los desocupados que rechacen dos ofertas sucesivas.

Planea limitar los impuestos a 50% de los ingresos, eliminar los derechos de herencia de 95% de las familias, y para 2012, reducir la deuda pública hasta 60% del Producto Interior Bruto (PIB).

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