Montevideo - Sorprendió ayer -al menos por la forma- el anuncio del presidente Jorge Batlle de aceptarle la renuncia a su ministro de Economía, Alejandro Atchugarry, y designar en su lugar a un ortodoxo de la Economía y de fina sintonía con el FMI, como es Isaac Alfie, quien se desempeñaba como jefe de Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas.
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Si bien desde el gobierno se trató de minimizar los efectos de la renuncia de Atchugarry -un hombre más político que economista-, no dejó de llamar la atención la celeridad con que se llevó a cabo la operación de recambio y la coincidencia de la visita a esta capital del subsecretario de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado de Estados Unidos, Roger Noriega.
Es que apenas 24 horas antes, el enviado de George W. Bush había hablado de una mayor transparencia del sistema financiera y de levantar el secreto bancario, todo un símbolo del sector económico-financiero del Uruguay. Para agregar más condimentos, el embajador norteamericano, Martin Silverstein -son conocidas sus peleas con el Congreso-, dio a conocer un comunicado de apoyo a Alfie. Pero estas especulaciones, como otras que surcaron los ámbitos políticos y económicos, quedaron relegadas por los voceros oficiales a problemas de salud y de cansancio de Atchugarry.
El reemplazo sorprendió también a la dirigencia política pese a que desde el Ejecutivo se alentó que el recambio había sido pedido por el propio Atchugarry hace 15 días. Es que un día antes, la Corte Electoral le puso fecha para el 7 de diciembre al plebiscito por la asociación o no con capitales privados de ANCAP, la petrolera estatal, y que será tomado como banco de prueba en que los partidos medirán sus fuerzas con vistas a las presidenciales de noviembre próximo que pondrán un nuevo ocupante en el Palacio Libertad en marzo de 2005.
Atchugarry volverá ahora al Senado, donde ocupará nuevamente una banca en el lugar de Honorio Barrios Tassano. De esa sinecura había salido el político colorado -hombre fiel a Batlle- para hacer frente hace un año y medio a la más grave crisis económico-financiera que padeció el país y cuyas consecuencias estuvieron a punto provocar un quiebre institucional similar al padecido por Fernando de la Rúa en la Argentina, aunque los líderes de los principales partidos uruguayos cerraron filas en torno a Batlle, a diferencia del vecino país, donde una alianza del PJ y radicalismo bonaerense ayudó a tumbar al ex presidente de la Alianza UCR-Frepaso. «En medio de la crisis financiera más grave que tuvo el país, yo convoqué a Alejandro (Atchugarry), porque el ministro de Economía debía ser antes que nada un político», dijo el presidente uruguayo. Pero también Batlle agregó que ahora «se abre otro tiempo en el Ministerio de Economía de consolidar las soluciones encaminadas. Se trata de un tiempo en el que se debe cumplir con las obligaciones fiscales y, además, «es tiempo reconocer que todavía quedan cosas a nivel legislativo que hay que llevar adelante». Atchugarry tampoco se apartó del libreto oficial: «Esto era una gestión a término (con plazo predeterminado) desde el primer día. Acá termina una etapa y comienza otra», justificó el ex ministro.
Sus voceros señalaron que Atchugarry renunció por razones personales -enviudó hace aproximadamente un año y tiene hijos menores- y políticas, aunque sobre éstas no se dieron explicaciones, lo que alimentó las siguientes versiones sobre su renuncia: a) negativa de conceder más recursos al reclamo de los sindicatos de la salud que mantienen paralizado el sistema con toma de hospitales; b) rechazo del Partido Blanco de Luis Alberto Lacalle -un ex socio en el Parlamento del gobierno de Batlle- a aprobar la Ley de Rendición de Cuentas y la falta de voluntad del propio ex ministro de enfrentarse abiertamente con el Frente Amplio, un espectro donde concentra viejos amigos como reconoció el senador Reinaldo Gargano. Sin embargo, los mercados no se mostraron sorprendidos.
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