10 de junio 2005 - 00:00

Revelan coacción a manifestantes

El diario «La Razón» de La Paz publicó ayer un editorial en el que pone la mirada en las intimidaciones que sufre la población de El Alto para sumarse día a día a las protestas de la izquierda más radicalizada. «Visitas» de «comisarios políticos» a las familias, represalias y destrozoscontra las que no envíen al menos a uno de sus miembros a las manifestaciones, multas... Todo vale para los grupos opositores en su objetivo de terminar con la democracia e imponer una dictadura de izquierda en Bolivia.

En los regímenes totalitarios, cualquiera sea su signo ideológico, uno de los recursos para someter a la gente a sus designios es la intimidación, el terror. Por esa vía los pueblos quedan sometidos a la voluntad de los dictadores, de los que se creen dueños de la verdad, así como de la vida y la hacienda de las personas.

La agravante de estos experimentos ha sido su catastrófico fracaso. Lo que quiere decir que aquellos sacrificios fueron estériles. Las necesidades fundamentales de los seres humanos no fueron satisfechas, por el contrario, tuvieron que vivir bajo las restricciones de los racionamientos y de la privación de la libertad.

Este recuento resulta ser propicio para referirse a lo que está sucediendo en la ciudad de El Alto, cuya población pasa de los 800.000 habitantes, o sea que no se trata de cualquier pueblo o villa abandonada de la mano de Dios. En estos días, cuando en Bolivia rige el sistema democrático, toda la población de El Alto está sometida a la intimidación del miedo de sufrir represalias por no participar en las «movilizaciones» que disponen sus caciques vecinales y sindicales.

Los alteños están viviendo días de pánico, pues se les está coartando la libertad de decidir sobre sus intereses y conveniencias. Se los está obligando imperativamente a bloquear calles y caminos, así como a marchar y cometer desmanes en La Paz.

Un «comisario» -al puro estilo comunista- recorre casa por casa, cargado de su lata de tinta para marcar la puerta de los vecinos que se resistan o no puedan intervenir en las convulsiones actuales. La amenaza es marcar la casa en que por lo menos un miembro de cada familia no se incorpore a las marchas y bloqueos. La marca es para que vengan después los «comisarios» que se encargarán de causar destrozos en las casas
.

Otro de los recursos que se está utilizando contra los vecinos de El Alto es la imposición de multas pecuniarias. Se les exacciona el poco dinero que disponen, si acaso no cumplen con las exigencias de la Federación de Juntas Vecinales ( Fejuve). ¿Quién rinde cuentas de dineros captados por vía tan tortuosa? Nadie. Es el reino de la estafa y de la malversación.

Los anteriores datos corresponden a informes que algunos vecinos alteños se animan a dar a personas de su confianza; lo hacen con voz baja, ante el temor de sufrir represalias de los que se han convertido en amos de toda una ciudad de más de medio millón de habitantes.

• Denuncia

En todo caso, es digna de destacar la denuncia que formuló una mujer joven a CNN, la mayor red televisora del continente. «Nos obligan a participar», fue la lacónica queja que se escuchó de los labios de aquella mujer, que participaba de una marcha en La Paz y cuyas imágenes fueron reproducidas en el noticiero de la CNN, correspondiente a las 23 del día 7 de junio.

Entonces, es una falacia de los dirigentes vecinales y sindicales de esa ciudad cuando dicen que las « movilizaciones sociales» son producto del sentir de las masas. En buenas cuentas, todo parece indicar que más bien son parte de sus maquinaciones para imponer en Bolivia un régimen totalitario.

Descartes bolivianos

La transversalidad que acarició durante tantos meses Néstor Kirchner vino a concretarse de la manera menos pensada. A la boliviana. Es decir, el Presidente vio en el llamado de su colega Carlos Mesa -para que envíe un observador que supervise el proceso sucesorio de su país- una posibilidad o una excusa para tender un puente hacia la Alianza que gobernó entre 1999 y 2001.

El resultado de esa iniciativa ecuménica fue la designación de
Raúl Alconada Sempé como emisario argentino en la comisión que integran también el brasileño Marco Aurelio García y el colombiano delegado de la ONU José Antonio Ocampo. Pero esa medida fue el desenlace de una serie de intentos.

• Oferta previa

En efecto, antes de tentar a Alconada, Kirchner le ofreció que se hiciera cargo de la operación boliviana a Carlos Chacho Alvarez. ¿Un adelanto para que, después, Alvarez desembarque en Cancillería? Ilusiones.Chacho demostró que no quiere volver a la función pública y adujo, con bastante razonabilidad, el asma como impedimento. Flojeras posmodernas.

En los «malditos '90", otro historiador asmático soportó estoicamente los rigores paceños, enviado al país vecino por
Carlos Menem: era Mario «Pacho» O'Donnell, quien dice haber descubierto allí el encanto de la historiografía. Mucho antes, otra víctima de la misma enfermedad, nada menos que el Che Guevara, se arriesgó por el laberinto boliviano, donde -hay que admitirlo- encontró el final.

Pero tampoco fue Chacho el primer transversal del Altiplano en el que pensó Kirchner (lo cual debilita la tesis del ingreso en la Cancillería). El Presidente apostó antes que nada a
Dante Caputo, quien ya demostró sus uñas de guitarrero internacional en Haití. Es cierto: la situación actual de ese país colapsado demuestra que los empeños de Caputo sirvieron de poco. El canciller de Alfonsín -jefe y preceptor de Alconada en el ministerio- también adujo problemas de salud para moverse por una geografía accidentada: «Estoy afectado por un esguince», fue lo primero que le vino a la mente.

• Sino tenebroso

¿Habrá temido Caputo por el sino tenebroso que pesa para la historia de las transversalidades locales cuando se ensaya en territorio boliviano? Un fundador de esas políticas, convidado por Raúl Alfonsín para sus propios ensayos multipartidarios, el filósofo del derecho Carlos S. Nino, murió al bajar del avión, en El Alto, no bien puso un pie en Bolivia. Acaso su sombra, inspiradora de todos los convocados por Kirchner, provocó esta movida de dominó y dejó la operación en manos del ex alumno marista.

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