Rio de Janeiro inundada: buscan a desaparecidos y miles de personas permanecen evacuadas

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Río de Janeiro busca a 53 desaparecidos por las lluvias y derrumbes que han dejado hasta ahora 133 muertos en el estado y se pregunta por el plan de contingencia prometido por diferentes autoridades desde hace más de cuatro décadas para afrontar este tipo de desastres.

Mientras la ciudad de Río y su área metropolitana intentan volver a la normalidad tras el caos vivido el martes cuando quedó paralizada por un aguacero de más de 24 horas de duración, los bomberos y otros socorristas escarban la tierra desprendida de las colinas en busca de los desaparecidos en las avalanchas.

La ciudad más afectada por la catástrofe fue Niteroi, situada frente a Río de Janeiro, en la boca de la Bahía de Guanabara, y en donde el número de muertos ascendió a 67, según el último balance oficial.

En la propia Río se han registrado 46 muertes, otras 14 en la vecina São Gonzalo, tres en Nilópolis y las tres restantes en Paulo de Frontin, Magé y Petrópolis.

El alcalde de Niteroi, Jorge Roberto da Silveira, que declaró estado de calamidad pública y luto oficial de una semana, calcula que la municipalidad necesitará unos 15 millones de reales (unos 8,4 millones de dólares) para reubicar a las 2.025 personas que perdieron sus viviendas.

"¿En dónde está el plan de emergencia?", coinciden en preguntarse los principales medios de comunicación regionales al referirse a la falta de preparación de las autoridades para hacer frente a una tragedia que se repite periódicamente y últimamente con más frecuencia.

Pese a que la cantidad de lluvia que cayó en el estado de Río de Janeiro entre el lunes y el martes fue récord y el doble de lo esperado para todo abril, las muertes por deslizamientos de tierras en barriadas pobres cuando hay lluvias fuertes no son una novedad.

El gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, asegura que la gravedad de la tragedia se debe a que los temporales de esta semana fueron más fuertes que los que castigaron el estado en 1966, en 1988 y en 1998, cuando también se registraron elevados números de muertes por las lluvias.

Cabral, que lleva más de tres años como gobernador, atribuyó la tragedia a gobiernos anteriores que permitieron el crecimiento de las favelas en áreas montañosas consideradas de riesgo.

Pese a los antecedentes, Río de Janeiro, una ciudad exprimida entre el mar y las montañas y en donde el agua lluvia baja con fuerza por las laderas, no cuenta con un plan de contingencia para este tipo de casos ni con una política de reubicación de las viviendas que están en áreas de riesgo.

"Los administradores públicos tienen que tener en cuenta que no es posible permitir que las personas ocupen áreas inadecuadas para vivir. Es preciso revisar eso", dijo el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, que lleva siete años en el Gobierno, al atribuir también la responsabilidad a sus antecesores.

De los 646,6 millones de reales (unos 362,9 millones de dólares) que el Gobierno nacional distribuyó el año pasado para municipios con programas de prevención contra desastres, el estado de Río de Janeiro sólo recibió el 1%.

La mayoría de los recursos fue destinado al estado de Bahía, sin problemas tan graves por las lluvias pero en donde tiene su fortín electoral el hasta la semana pasada ministro de Integración Nacional, Geddel Vieira Lima.

El alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, que también atribuyó la responsabilidad a administraciones anteriores que permitieron el crecimiento de las favelas en los cerros, sólo ha reubicado a unas 800 familias que viven en áreas de riesgo desde que asumió su mandato hace 15 meses.

Como siempre, la mayoría de las víctimas de esta nueva tragedia eran precisamente habitantes de barriadas de invasión construidas en zonas montañosas consideradas como de riesgo.

Pese a que la lluvia cedió en la mañana del miércoles y el sol volvió a aparecer por momentos en algunas partes de la ciudad, Paes alertó que aún hay riesgos de nuevos deslizamientos.

Los meteorólogos prevén que las lluvias continuarán hasta el jueves, aunque ya no con la intensidad con la que cayeron el lunes.

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