Washington (AFP) - En estos momentos, una computadora genera tanto temor como un avión de combate en el presidente iraquí Saddam Hussein, ya que la ciberguerra puede provocar más daño que una bomba arrojada desde las alturas. Mucho antes de que sonara el primer disparo en territorio iraquí, la invasión estadounidense comenzó, al parecer, de manera más sigilosa en otro frente, mediante furtivas penetraciones a las redes informáticas de Bagdad, que tienen el objetivo de paralizar los sistemas de comunicaciones, bloquear la cadena de mando y aislar a los dirigentes.
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«Desde hace tiempo, tenemos fuerzas de operaciones especiales dentro de Irak y atacamos su red de defensa antiaérea en forma sistemática», reconoció en una entrevista Andrew Krepinevich, un ex estratega del Pentágono.
«Por lo tanto, me sorprendería que, como parte de esa preparación, no hubiéramos comenzado al mismo tiempo con varias formas de ciberguerra sobre Irak, ya sea contaminando con virus las computadoras o desbaratando las bases de datos -como suelen hacer los hackers-, pero con objetivos más precisos», agregó.
Para los funcionarios del Pentágono, este conflicto romperá el molde de las campañas militares que se llevaban a cabo en el pasado. En ese sentido, la guerra cibernética tendrá, según los especialistas, un impacto revolucionario semejante al que en su momento tuvieron las bombas «inteligentes» lanzadas por las tropas estadounidenses contra Irak durante la Guerra del Golfo, en 1991.
De hecho, una fuente de seguridad aseguró que los Estados Unidos realizaron importantes esfuerzos durante la década pasada para evitar lo que fuentes del Pentágono bautizaron un «Pearl Harbor electrónico», es decir, un ataque de hackers masivo y simultáneo a los sistemas informáticos del gobierno y de las fuerzas de seguridad. Según los especialistas, un atentado de estas características podría poner en peligro la economía norteamericana.
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