Saddam Hussein desafió al tribunal y se dijo inocente
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Corán en mano, Saddam Hussein increpó ayer al tribunal que lo juzga en Bagdad. Ajeno a la realidad, se volvió a presentar como «presidente de Irak».
«En el nombre de Dios, el clemente y el misericordioso. Les dijeron a los creyentes que se habían reunido contra ellos y temieron. Pero Dios aumentó su fe y dijeron 'Dios nos protegerá'», recitó Saddam con gesto desafiante al tribunal.
«Tampoco reconozco la agresión contra Irak, y conservo mi derecho constitucional como presidente de Irak a no responder a sus preguntas, ya que lo que se construyó sobre el vacío, vacío está». «Repito lo que ya dije, no soy culpable. Soy inocente», proclamó Saddam.
Con una poblada y canosa barba, Saddam volvió a mostrarse, como en anteriores comparecencias, muy desafiante ante el tribunal. Así, tras su primera declaración, el ex presidente se negó a sentarse cuando el presidente se lo ordenó, y afirmó que nunca se cansa y que llevaba despierto desde las dos de la madrugada esperando el inicio del juicio.
Los otros siete responsables del gobierno que comparecen junto a él, vestidos con la chilaba tradicional árabe, protestaron ante el tribunal porque «los responsables de las medidas de seguridad» habían impedido que entraran en la sala con el turbante que vestían.
Los ocho acusados estaban sentados en tres filas de sillas distribuidas dentro de tres recintos con rejas metálicas similares a jaulas de color blanco. Todos los acusados corren el riesgo de ser condenados a muerte.
Tras la declaración de Saddam, sus siete antiguos subordinados debían presentarse ante el tribunal y declarar si eran inocentes o culpables, aunque siguieron el guión marcado por el depuesto dictador.
Su hermanastro, Barazan Ibrahim al Hassan al Tikriti, responsable de los servicios de inteligencia, se limitó a decir al juez que «usted es un magistrado, así que no le voy a dar mi nombre y mi dirección porque ya están en su poder».
Más conciso todavía fue el antiguo vicepresidente de la república, Taha Yasin Ramadan, que se limitó a decir que «repito todo lo dicho por el señor presidente, Saddam Hussein».
• Suspensión
Tras las comparecencias de los acusados, el Tribunal Especial pospuso el proceso hasta el 28 de noviembre, tras una petición de los abogados de la defensa, a fin de asegurarse la comparecencia de los testigos, informaron fuentes de la defensa.
El jefe del equipo defensor, Jalil al Duleimi, ya había advertido el martes que pensaba pedir un aplazo «de tres meses» para poder preparar sus alegatos, ya que se quejó de no haber tenido tiempo de hacerlo ni le habían permitido reunirse con Saddam para preparar una defensa conveniente.
La primera comparecencia de Saddam fue recibida con una mezcla de tristeza y orgullo por sus familiares que viven en Ammán. Fuentes próximas a la familia afirmaron que Rana y Ragad Hussein, hijas de Saddam, lloraron al ver la primera comparecencia de su padre, aunque expresaron su orgullo por las respuestas dadas por ante un tribunal que no reconocen.
En la ciudad natal de Saddam, al norte de Bagdad, decenas de habitantes se concentraron en un estadio para manifestar contra el proceso. Los comercios estaban cerrados y los habitantes iban en grupos hasta el estadio para expresar su indignación por ver al ex presidente juzgado.
La misma tensión podía apreciarse en Dujail, donde las víctimas del régimen de Saddam manifestaron por su lado pidiendo la pena de muerte para el acusado.




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