20 de marzo 2003 - 00:00

Saddam, una obsesión desde 1991

Saddam, una obsesión desde 1991







































Washington (AFP) - Derrocar al presidente iraquí Saddam Hussein de cualquier forma ha sido una de las prioridades del presidente George W. Bush desde el comienzo de su gobierno, en un intento por terminar una tarea que había dejado inconclusa su padre, en 1991. Esa obsesión se tradujo en acciones concretas desde el 16 de febrero de 2001, apenas un mes después de asumir la presidencia, cuando los Estados Unidos iniciaron junto a Gran Bretaña el bombardeo aéreo de las posiciones del comando iraquí en los alrededores de Bagdad.

Seis días después, Bush lanzó una advertencia concreta: si Irak no elimina sus armas de destrucción masiva, deberá atenerse a «las consecuencias», amenazó a Hussein.

Tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, la administración Bush endureció su discurso y advirtió que, desde ese momento, se iniciaba un combate contra los grupos terroristas, calificación que incluía a todos aquellos regímenes que pudieran proporcionar armamentos a las organizaciones que propician la lucha armada.

En enero de 2002, en un discurso sobre «el estado de la Unión» que satisfizo al ala más radical del gobierno estadounidense, Bush denunció la existencia de un «eje del mal» compuesto por Irak, Irán y Corea del Norte.

Ocho meses después, el vicepresidente Dick Cheney pronunció una serie de discursos que hicieron sospechar que los Estados Unidos estaban preparando un ataque unilateral contra Irak, prescindiendo de la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

El 12 de setiembre de 2002, Bush instruyó al secretario de Estado,
Colin Powell, considerado un pragmático dentro del gobierno, para que solicite ante la ONU la aprobación de una nueva resolución que forzara el desarme inmediato de Irak.

•Desarme

Luego de dos meses de negociaciones, Washington obtuvo de los 15 miembros del Consejo de Seguridad la votación por unanimidad de la Resolución 1.441 que otorgaba a Irak la «última oportunidad» de desarmarse en forma pacífica bajo la amenaza de sufrir «graves consecuencias» si no lo hacía.

No obstante, los Estados Unidos continuaron aumentando su poder militar en la región del Golfo.

Desplazar a Hussein del poder representa para la Casa Blanca la llave que le abriría el camino para la estabilización y la democratización de Oriente Medio, en tanto que lograr la cabeza del líder iraquí como emblema de la lucha antiterrorista aparece como un premio consuelo tras el rotundo fracaso en la búsqueda de Osama bin Laden
.

Los Estados Unidos juzgaron poco relevantes los progresos de la misión de inspección en Irak, consideraron como «mentirosas» las concesiones que hizo Bagdad y aseguraron que Saddam Hussein mantiene lazos con la red terrorista Al-Qaeda, aunque jamás aportaron pruebas convincentes al respecto. Bush aseguró que en abril de 1993 Saddam Hussein intentó matar a su padre durante una visita del entonces presidente estadounidense a Kuwait.

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