Se agrava la crisis institucional en Egipto
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Mohamed Mursi.
"Estas fuerzas comenzaron una acampada en la plaza Tahrir hasta que caiga la declaración constitucional, que debe ser rechazada por todo revolucionario patriótico y noble que tema por su país y su libertad, que fue lograda por los mártires con su sangre", subraya la nota.
Asimismo, califican la medida como "fascista y dictatorial" porque otorga a un presidente "poderes divinos sin precedentes en la historia de Egipto, sin el control de ningún órgano, lo que lo convierte en un nuevo faraón con prerrogativas ejecutivas, legislativas y también sobre el Poder Judicial".
En este sentido dejaron claro que la sangre derramada desde la Revolución del 25 de Enero "no permitirá la vuelta de un nuevo faraón que esté sobre la ley y el Estado en defensa de los estrechos intereses de un grupo", en alusión a los islamistas Hermanos Musulmanes.
Mientras tanto, la policía disparaba gases contra opositores que se habían instalado en una treintena de carpas en la Plaza Tahir para protestar por las nuevas prerrogativas de Mursi.
No obstante, después de los gases grupos de manifestantes que se habían disperado refugiándose en calles adyacentes regresaron a la plaza para instalarse allí "por tiempo indefinido".
"Egipto ingresa en una nueva revolución ya que nuestra intención no era reemplazar a un dictador por otro dictador", declaró un manifestante en referencia al alzamiento que derrocó a Hosni Mubarak en febrero de 2011, según la agencia de noticias EFE.
En esa misma línea, los partidos políticos opositores rechazaron en su comunicado las amenazas lanzadas por el Ministerio del Interior de disolver la manifestación y advirtieron que "una nueva masacre hará entrar el país en un oscuro túnel, de la que Mursi será responsable".
Y convocaron a todas las partes de la sociedad a unirse a la acampada y a participar en concentraciones el próximo martes bajo el lema "Protejamos la revolución".
Como respuesta a esta convocatoria, Hermanos Musulmanes convocó a una contramanifestación de apoyo a Mursi para el mismo día en la que esperan, según se afirma a través de un comunicado, reunir a "un millón de personas" en la céntrica plaza cairota de Abdin.
La decisión de Mursi causó particular inquietud de Estados Unidos y Europa, donde se la considera como un refuerzo de sus ya amplios poderes y contraria a la democratización del país, el más poblado del mundo árabe.
La portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Victoria Nuland, dijo en un comunicado que "las aspiraciones de la revolución (de 2011) era garantizar que el poder no estuviera concentrado en manos de una sola persona o de una institución".
Por su lado, la Unión Europea pidió al presidente egipcio que respete el "proceso democrático" y señaló que las decisiones tomadas no iban en la "buena dirección", según un comunicado oficial.
El viernes, miles de personas se habían congregado en la Plaza Tahir al grito "Mursi dictador" y en ciudades del interior algunos manifestantes, incluso, llegaron a incendiar locales de los Hermanos Musulmanes.
Por tal razón, ayer mismo Mursi prometió que el país continuaría en la "vía de la libertad y la democracia". Para sus partidarios, el refuerzo de sus poderes permitirá acelerar las reformas en este sentido.
Estas disposiciones deben supuestamente durar hasta la adopción de una nueva Constitución, un proceso que está atorado y que podría demorar varios meses.




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