Londres (La Vanguardia, AFP) - El futuro de Tony Blair y el nuevo laborismo se decide esta semana en veinticuatro horas de vértigo político que marcarán el rumbo de Gran Bretaña. Protegido hasta ahora por un escudo de teflón que lo hacía invencible, el primer ministro se enfrenta en días sucesivos a dos monstruos teóricamente capaces de derrotarlo: el informe de lord Hutton sobre el suicidio del científico David Kelly, y la votación en la Cámara de los Comunes sobre la nueva ley de reforma universitaria.
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Ante estas citas, el primer ministro parece dispuesto a insistir hasta el final con los argumentos que lo llevaron a impulsar la invasión a Irak. Ayer indicó a la edición dominical de «The Guardian» que sigue creyendo en los informes de inteligencia que lo llevaron a afirmar que había armas de destrucción masiva en Irak, pese a evidencias que demuestran que eran falsos. «Si me preguntan si yo creo que la información era correcta, sí, creo que lo fue», indicó.
Por lo que se refiere a la investigación del juez Hutton sobre el caso Kelly, el jefe del gobierno admitió que su integridad está en entredicho pero se mostró absolutamente convencido de que será exonerado. David Kelly apareció muerto luego de haber declarado a la BBC que el gobierno de Blair «infló» los informes sobre las armas de destrucción masiva en Irak, en donde el científico fue inspector. Una mayoría de los británicos (56%) cree que el primer ministro debería renunciar si es enjuiciado, según un sondeo de la cadena privada ITV. También se conocerá mañana el resultado de la votación sobre la suba de las matrículas universitarias, que Blair defiende pese a tener en contra a una buena parte de su grupo parlamentario. Al día de hoy, aún no está claro si el gobierno tiene los votos suficientes como para no sufrir una humillante derrota en la Cámara de los Comunes.
A juicio de Blair, los diputados laboristas que voten en contra sólo conseguirán que haya «universidades de segunda» en el Reino Unido ya que se opondrán a mejorar la calidad del sistema mediante el aumento de los aranceles. Hutton y el costo de las universidades no son, por supuesto, otra cosa que máscaras detrás de las cuales se ocultan los auténticos fantasmas que persiguen a Blair: por un lado, las manipulaciones de la guerra de Irak y, por el otro, los rebeldes laboristas que se resisten a la creciente «derechización» del Reino Unido de la mano de un líder supuestamente de centroizquierda.
El número de amotinados es cada vez mayor. El revitalizado líder «tory», Michael Howard, se encuentra listo para tomar el relevo (la última encuesta del «Telegraph» le da una ventaja de cinco puntos). El caprichoso calendario hace que sus dos grandes enemigos tengan la posibilidad de golpearlo en jornadas sucesivas. Tony Blair, superviviente nato, se conforma con evitar el KO y poder seguir peleando, y es muy posible que lo consiga.
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