Ser el candidato republicano, una tarea abrumadora
-
Grossi presentó su candidatura en la ONU con una crítica muy fuerte al organismo
-
Italia: prostitutas, gas de la risa y servicios clandestinos para más de 50 futbolistas de la Serie A
Cada día que pasa crecen las dudas sobre la vida personal del controvertido héroe del 11-S, luchando por salir del fango preelectoral. Los tropezones de McCain empiezan a parecerse sospechosamentea los de John Kerry, y el atronador Fred Thompson acaba de confesar que tiene un linfoma (Giuliani superó un cáncer de próstata y McCain sufrió un melanoma). El ex congresista Newt Gingrich, otro que venía con ínfulas presidenciales, ha admitido que tuvo una amante durante el caso Lewinsky. Y el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney, pese a recaudar más que nadie (16 millones), sigue sin poder superar los prejuicios religiosos: «¿Está preparado el país para un presidente mormón?».
La llave de la nominación republicana vuelven a tenerla los ultraconservadores evangélicos, que están sometiendo a todos los candidatos a un riguroso test de moralidad. Ninguno de los grandes ha superado hasta ahora el examen de religión, aunque por detrás vienen los tres candidatos colistas -el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee, el senador Sam Brownback y el ex gobernador de Virginia Jim Gilmore-, entonando a coro aquello de «Yo soy el auténtico candidato conservador».
Mientras los demócratas están más que satisfechos con su ruleta de candidatos para las primarias, 57% de los republicanos reconoce el desdén por sus aspirantes.
Rudolph Giuliani, 62 años, es tal vez quien menos se le parece. La campaña ultraconservadora contra el alcalde de América arrancó hace dos meses con la difusión de un viejo video en el que defendía el derecho al aborto. Lo acusaron también de ser partidario de los matrimonios gays y de querer incautar millones de pistolas.
Poco después empezaron a difundirse historias sobre sus «problemas de familia»: el despecho con el que abandonó a su segunda mujer, Donna Hanover; el rencor de su hijo Andrew; los antecedentes de su tercera esposa, Judith Nathan, que va también por el tercer desposorio...
Ahora lo atacan también por el flanco de Bernard Kerik, su ex guardaespaldas y ex jefe de policía, el mismo que limpió las calles de Nueva York bajo la consigna tolerancia cero. Kerik, que sigue ejerciendo de vicepresidente de Giuliani Partners, está bajo investigación federal por fraude fiscal, espionaje ilegal, falso testamento y posible conexión con la mafia a través del constructor Frank DiTomasso.
Los últimos en subirse al pelotón anti-Giuliani son los bomberos de Nueva York, capitaneados por Jim Riches, que perdió a su hijo en las Torres Gemelas y está empeñado en desenmascarar al héroe del 11-S.




Dejá tu comentario