El primer ministro británico, Tony Blair, admitió hoy que "estos tiempos son muy difíciles", tras la renuncia de su aliado y ministro de Trabajo David Blunkett, y la derrota sin precedentes en la Cámara de los Comunes por su polémica ley antiterrorista.
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"Blair le dijo a sus ministros en una reunión celebrada hoy que los tiempos que corren son muy difíciles", afirmó esta tarde un portavoz oficial de Downing Street, residencia del premier en Londres.
Por su parte, el líder de los conservadores, Michael Howard, afirmó que el liderazgo y autoridad de Blair "está desapareciendo".
El primer ministro atraviesa por un mal momento político, tras la renuncia ayer de su máximo aliado del gobierno, Blunkett, quien quebró el código de conducta ministerial por aceptar un cargo remunerado en la empresa DNA Bioscience, sin pedir autorización previa a un comité independiente.
Además, Blair sufrió una dura derrota anoche, luego que la Cámara de los Comunes obligó al gobierno a revisar la ley antiterrorista británica, rechazada por los diputados del país.
En una de las votaciones del día, donde se debatía por el inciso de incitación al terrorismo, el gobierno obtuvo una mayoría de sólo un voto (300 contra 299), la menor registrada por el laborismo "blairista" desde que asumió el poder en 1997.
"Estos tiempos que corren son muy difíciles y duros porque el gobierno trata de hacer lo correcto, ya sea en sus reformas del sector público, la educación, la salud, el comportamiento anti-social, el estado de bienestar o en las leyes antiterroristas", dijo Blair, según afirmó su vocero.
Por su parte, Howard afirmó que la pérdida de autoridad de Blair es similar a la del ex premier conservador John Major a mediados de la década de 1990.
El ministro del Interior británico, Charles Clarke, salió en defensa de Blair y aclaró que el laborismo y su bloque "está mucho más contento ahora que hace seis años".
"Aunque los ministros se sintieron desolados por la salida de Blunkett, éste hizo lo correcto en dimitir", agregó Clarke. Poco después, el Lord Chancellor, Charles Falconer, indicó que la autoridad de Blair "no se ha deteriorado", porque ésta "siempre dependió de la conexión que mantiene con la gente y su deseo de reformar el Estado".
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