17 de agosto 2007 - 00:00

Sismo en Perú: desesperación y saqueos en las zonas más afectadas

Víctimas del sismo sobre los restos de sus viviendas (arriba). Los rescatistas siguen sacando cuerpos entre escombros (centro). La ayuda es escasa y pocos logran algún plato de comida (abajo).
Víctimas del sismo sobre los restos de sus viviendas (arriba). Los rescatistas siguen sacando cuerpos entre escombros (centro). La ayuda es escasa y pocos logran algún plato de comida (abajo).
Pisco-Perú (Reuters/ANSA) - La región sureña de Ica y en especial la ciudad de Pisco, impactada por el terremoto del miércoles en Perú, mostraba ayer un panorama desesperante. Adultos y niños deambulando en busca de comida y agua, lugares para enterrar su muertos y en algunos casos saqueando camiones con ayuda en la carretera Panamericana.

Brigadas de rescate seguían buscando ayer sobrevivientes, mientras médicos y enfermeras se esforzaban por salvar vidas, ante decenas de periodistas y corresponsales extranjeros. Medios locales recogieron testimonios de desesperación e ira por la carencia absoluta de ayuda.

Las labores de rescate continuaban, pero las réplicas del terremoto, entre ellas un sismo de 5,5 grados de magnitud en la escala de Richter, con epicentro en el mar, frente a Ica, generaron nuevamente pánico entre los habitantes y retrasaron los trabajos de búsqueda de sobrevivientes.

El presidente, Alan García, que dirige las operaciones de ayuda en Pisco, con varios de sus ministros, prometió ayer que "nadie morirá de sed y hambre".

Pero los relatos de damnificados por el terremoto de 7,9 grados del miércoles son desgarradores, con personas que no comen hace dos días y que durmieron en las calles, sin abrigos.

"No tenemos carpas, ni iluminación. Estamos como en las cavernas, haciendo fogatas", dijo Diego Molina, de 35 años, mientras esperaba recibir alimentos enlatados.

El caos se apoderó de la localidad de Pisco, la más afectada por el sismo de magnitud 8,0, cuando decenas de personas impacientes por el desorden en la distribución de ayuda saquearon tiendas, una farmacia y una panadería, mientras un reducido grupo de policías trataba de mantener el control.

tanto, en el cementerio de la ciudad decenas de personas peleaban por los escasos espacios libres que quedaban en el lugar y otros cavaban en los jardines para enterrar a sus muertos.

Cargamentos con agua, alimentos y medicinas llegan por vía aérea al aeropuerto de Pisco, 200 kilómetros al sur de Lima, y por carretera, lentamente, porque la vía Panamericana quedó con el pavimento partido en varios tramos, lo que obliga a los vehículos a buscar caminos alternativos.

La cifra oficial de muertos es de 445, según el Instituto de Defensa Civil, y de 510 según el Cuerpo de Bomberos, pero la remoción de escombros que realizan rescatistas de las Fuerzas Armadas, Policía, organizaciones humanitarias y de empresas mineras llevará a que el número aumente, aseguró el ministro de Salud, Carlos Vallejos.

Casas y edificios, públicos y privados, derruidos sobre las pistas, caracterizan gran parte de Pisco, en cuya plaza principal permanecen bolsas negras con muertos a la espera de que sean reconocidos por sus familiares.

La ministra de Justicia, María Zavala, pidió en Ica, capital de la región y cercana a Pisco, que los damnificados se acerquen a cuatro puntos donde se distribuye ayuda, pero cientos de personas permanecían junto a lo poco que quedó de sus hogares.

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