Sorpresa: el corazón del "cometa del siglo" sobrevivió al sol
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Una de las últimas imágenes del cometa, captada por el Observatorio Solar de la NASA.
La gran dificultad para su observación radicó en que apareció en el este a muy baja altura sobre el horizonte, demasiado cerca del sol, que le compitió en brillo.
• Hielo, roca y polvo
Lo más sorprendente de los cometas es que se mantienen casi inalterables desde que se formaron, por lo que pueden brindar información sobre cómo era el universo hace miles de millones de años. De hecho, en sus viajes a través de la galaxia, pudieron haber aportado a nuestro planeta importantes dosis de agua y compuestos orgánicos para posibilitar el inicio de la vida.
Pese a sus virtudes, llevaron consigo desde tiempos remotos el símbolo del infortunio. Los antiguos historiadores romanos señalaban que el paso de un cometa precedió el asesinato de Julio César. En Inglaterra recordaban que la visita del Halley coincidió con la aterradora Peste Negra. Hoy en día los cometas aún despiertas temores en grupos apocalípticos, de hecho con el descubrimiento de ISON reapareció la recurrente teoría del fin del mundo maya.
Pero a nivel general las supersticiones lograron ser desterradas por los avances científicos. Si en tiempos remotos un grabado era la representación más precisa que podía obtenerse, en la actualidad las misiones espaciales dejan poca información sin extraer. El encuentro más íntimo lo logró la sonda Deep Impact en 2005, que luego de una frenética caza de 172 días impactó al cometa Tempel 1 y logró expulsar parte de su materia al espacio para su análisis.
Compuestos por hielo, roca, polvo y gases (metano, dióxido de carbono) la mayoría de ellos proviene de la nube de Oort, una región en los confines del sistema solar, más allá de Neptuno. A medida que se acercan al sol se produce lo inevitable: el hielo y otros gases, incluso metales, empiezan un proceso de ebullición que dotan a los cometas de una nube alrededor de su núcleo llamada coma y que puede tener cientos de miles de kilómetros.
En el caso de ISON, su núcleo tenía 5,5 kilómetros de ancho, una pequeñez si se lo compara con su "coma" de alrededor de 5.000 kms y una cola que, en su mayor esplendor, superó los... 15 millones de kilómetros de longitud!
Ahora el cometa es recuerdo pero de todos modos, con el correr de las horas, aparecerán registros fotográficos y filmaciones que mostrarán el luminoso recorrido de ISON por las proximidades de nuestro planeta.
Hay que recordar que en su momento de mayor acercamiento, el cometa "rozó" la Tierra a unos 64 millones de kilómetros, algo menos de la mitad de la distancia entre nuestro planeta y el sol, lo que constituyó una oportunidad única para la ciencia de registrar al detalle el paso del lejano visitante.
¿Por qué ISON?
Su nombre oficial para la Unión Astronómica Internacional es C/2012 S1 (ISON).
La C indica que no se esperaba que ISON volviera a visitarnos (aunque hubiera sobrevivido a su incursión al sol). Los cometas que presentan períodos regulares de visita, como el Halley cada 76 años, son designados con la P de periódicos
2012 es el año en el que fue descubierto
S designa el mes de su descubirmiento (Septiembre)
1 refiere que fue el primer cometa desconocido hallado en ese período
El resto del nombre da crédito a sus descubridores, dos científicos rusos pertenecientes a la International Scientific Optical Network, red de observatorios en diez países dedicados a la detección espacial.





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