9 de febrero 2005 - 00:00

"Su Santidad dice que..."

Juan Pablo II cumplió ayer una semana de internación en el policlínico romano Gemelli. La cuestión sobre su probable renuncia ocupó las páginas de los diarios del mundo. «El tabú de la dimisión del Papa circula en el Vaticano», indicó el milanés «Il Corriere della Sera». El periódico católico parisino «La Croix» criticó que «entre la transparencia y la opacidad se eligió la más inquietante de las soluciones:la verdad a medias». Ante las versionessobre la probable pérdida de la voz de Karol Wojtyla, reproducimos aquí parte de una nota del corresponsal en Roma del periódico madrileño «El País», Enric González, sobre dos hombres clave que ofician de voceros papales: el arzobispo polaco Stanislas Dziwisz y el periodista español Joaquín Navarro-Valls, destacado miembro del Opus Dei.

Sólo dos hombres, Joaquín Navarro-Valls (foto) y Stanislas Dziwisz se ganaron la confianza de Juan Pablo II para hablar en su nombre.
Sólo dos hombres, Joaquín Navarro-Valls (foto) y Stanislas Dziwisz se ganaron la confianza de Juan Pablo II para hablar en su nombre.
La presencia física de Juan Pablo II se hace cada día más escasa. El Papa, anciano y enfermo, tiene dificultades para expresar su mensaje en público y para manejar desde su despacho la vasta burocracia vaticana. Crece en estas circunstancias el papel de dos de sus más estrechos colaboradores. Uno, Joaquín Navarro-Valls, español, médico y periodista, es el rostro cotidiano de la Santa Sede. El otro, Stanislas Dziwisz, polaco, arzobispo, secretario de Karol Wojtyla desde 1966, es la sombra del Papa, el personaje discreto al que basta comenzar una frase con las palabras «su Santidad dice que...» para desplegar una inmensa influencia.

Juan Pablo II despacha prácticamente a diario con tres personas: el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado (jefe de Gobierno); el arzobispo argentino Leonardo Sandri, sustituto (ministro de Asuntos Exteriores); y Joaquín Navarro-Valls, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede y, como tal, portavoz del Papa.
Ocurre, sin embargo, que en muchas ocasiones el Pontífice no puede apenas hablar, o se encuentra fatigado, y es monseñor Dziwisz quien asume el papel de transmisor de los deseos y opiniones papales. Nadie cree que Dziwisz pueda manipular o tergiversar en lo más mínimo. Su voz es la de Wojtyla. Si él dice «su Santidad lo quiere», se hace sin más comprobaciones. Dziwisz es el intérprete indiscutido de la voluntad del Papa polaco.

Stanislas Dziwisz
(Raba Wizna, 1940) tenía 25 años en 1966, cuando Wojtyla, entonces arzobispo de Cracovia, lo eligió como secretario personal. Desde entonces no se han separado. Duermen en estancias contiguas, celebran juntos la misa cada mañana y sostienen una interminable conversación en la que apenas son ya necesarias las palabras. El escueto diálogo en polaco que mantuvieron el 13 de mayo de 1981, en los dramáticos segundos posteriores al atentado de Mehmet Ali Agca, es una muestra de su estilo de comunicación. Así lo narra el propio Dziwisz: « Pregunté al Santo Padre, ¿ dónde? Respondió: en el vientre. ¿Duele? Respondió: duele. Y empezó a desplomarse.Yo traté de sostenerlo». Aquel día fue Dziwisz, con un Pontífice agonizante entre los brazos, quien decidió ir urgente al Gemelli.

También fue él, hace una semana, quien decidió que el Papa debía ser hospitalizado con urgencia.

Juan Pablo II nombró en 1998 a su fiel Staszek, el nombre familiar con que lo llama (nadie más se permite tal confianza con el secretario), y le asignó la inexistente diócesis de San León.

Son bastantes quienes creen que el misterioso cardenal in pectore, nombrado por el Papa en 2004 pero de nombre no revelado, no es otro que Stanislas Dziwisz.

• Exótico

En 1984, Wojtyla decidió extrañamente situar a un hombre que no era ni sacerdote ni italiano, como sus antecesores, al frente de la oficina de prensa. Joaquín Navarro-Valls tenía entonces 48 años, ejercía como corresponsal en Roma del diario «Abc», presidía la Asociación de la Prensa Extranjera y era muy celebrado por la amenidad de su conversación y la elegancia de su atuendo. El titular con que «La Repubblica» anunció su nombramiento refleja que fue asumido como algo exótico: «Un ex torero español miembro del Opus Dei, vocero de Wojtyla».

Navarro-Valls no había sido en realidad torero, aunque fuera aficionado. Sí pertenecía, y pertenece, al Opus Dei. Se cree que la Obra susurró su nombre al Pontífice y que el elemento que decidió a su favor fueron las crónicas que envió a su periódico durante los viajes del Papa a Polonia.

Joaquín Navarro-Valls
(Cartagena, 1936) es licenciado en medicina, psicología social y periodismo. Ejerció brevemente como profesor auxiliar de medicina (1962-1964) y luego fundó, en Barcelona, la revista «Diagonal». Pasó luego a «Nuestro Tiempo», y desde 1977 asumió la corresponsalía para Italia y Oriente Próximo del diario «Abc». En estos años ha recibido numerosas condecoraciones y reconocimientos académicos, pero sus principales logros han consistido en « normalizar» el hecho de que sea un seglar con traje y corbata quien haga llegar a la prensa, y por tanto al público, los mensajes del Papa, y en imprimir un cierto tono de bonhomía y optimismo a un pontificado que, desde que la salud de Karol Wojtyla empezó a quebrarse, genera frecuentes alarmas.

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