París (EFE, AFP) - La tensión dominó la primera visita de alto nivel de un funcionario de la Casa Blanca a París, después que Francia y Estados Unidos se alejaran por posturas diametralmente opuestas en torno a Irak.
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El ministro francés de Justicia, Dominique Perben, reclamó a su colega de Estados Unidos, John Ashcroft, por la situación de los franceses detenidos en la base de Guantánamo, que se encuentran en duras condiciones de cautiverio y en condición legal dudosa. Hay seis franceses entre los más de 600 supuestos ex miembros de la red terrorista Al-Qaeda o del derrocado régimen afgano de los talibanes.
El viaje de Ashcroft a París concluyó con un plantón, cuando el visitante no acudió a la conferencia de prensa final tras reunirse con los responsables de Justicia e Interior de los países más industrializados del planeta más Rusia (G-8).
Ashcroft y el ministro alemán Otto Schily fueron los dos únicos responsables que no acudieron a la rueda de prensa.
«Todo se desarrolló lo mejor posible entre nosotros, incluso con Ashcroft», se limitó a declarar Nicolás Sarkozy, el titular de Interior francés.
Fuentes diplomáticas francesas señalaron que hubo instrucciones de la Casa Blanca para que Ashcroft no afrontara preguntas de la prensa francesa.
Más temprano, Sarkozy había declarado que la cooperación franco-estadounidense «nunca había sido interrumpida, porque se trata de la seguridad de nuestros conciudadanos».
Los ministros del G-8 firmaron un acuerdo global sobre la biometría como método de identificación de pasaportes y visados.
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