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Las autoridades aseguran que se ha producido una participación masiva que consideran un claro apoyo a la legitimidad del régimen islámico.
Se espera que el Ministerio del Interior ofrezca los datos finales provisionales de las presidenciales antes de 24 horas y, posteriormente, tendrán que ser ratificados por el Consejo de Guardianes, el órgano religioso que supervisa la vida política del sistema teocrático de la República Islámica.
Las autoridades no han dado cifras de participación, pero la diferencia con las elecciones legislativas de 2012, cuando muchos centros de votación permanecieron prácticamente vacíos, ha sido palpable y se han visto grandes filas en muchos de ellos, con hasta más de tres horas de espera pese al intenso calor de la jornada.
El portavoz del Consejo de Guardianes, Abas Ali Kadjodai, en una comparecencia ante los periodistas poco antes del cierre de los colegios electorales, ha afirmado que no han tenido noticias de irregularidades destacables durante la jornada de votación.
Kadjodai ha señalado que los representantes del Consejo, formado por doce clérigos y jurisconsultos musulmanes chiíes, permanecerán en todos los centros hasta que finalice el escrutinio.
Por su parte, el jefe de la Policía Nacional iraní, el general Esmail Ahmadi Moghadam, ha asegurado que "no ha habido ningún problema de seguridad" y ha recordado que, para garantizar la seguridad del país, algunos pasos fronterizos han estado cerrados.
En Teherán, la seguridad se extremó en el interior y los aledaños de los centros electorales, con la presencia numerosos agentes de policía y milicianos de los Voluntarios Islámicos (Basij), pero en las calles la presencia policial era la normal.
También las comunicaciones, en especial por internet, han tenido problemas al reducirse la velocidad de conexión, lo que hacía imposible o extremadamente lento abrir muchas páginas web y la transmisión de datos.
Con la oposición laica proscrita, marginados los nacionalistas islámicos del actual presidente, Mahmud Ahmadineyad, y con los reformistas muy debilitados, estas undécimas presidenciales han sido las elecciones más restringidas de la historia de la República Islámica, que en cada proceso electoral relega a más sectores y reduce su base.
La elección se juega entre Hasan Rohani, un religioso moderado de 64 años y candidato único de moderados y reformadores, y tres candidatos conservadores: el exjefe de la diplomacia Alí Akbar Velayati, el alcalde de Teherán Mohamad Bagher Ghalibaf y el jefe de las negociaciones nucleares Said Jalili.
Los otros dos candidatos, Mohsen Rezai y Mohamad Gharazi prácticamente no tienen ninguna posibilidad.
"Los rumores según los cuales, el presidente ya está elegido son una mentira. Al presidente de la República lo eligen los votos de los electores", dijo Rohani, cuyas posibilidades de victoria se vieron reforzadas con el importante apoyo de los expresidentes Akbar Hachemi Rafsandjani y Mohamad Jatami.
Rafsandjani expresó, tras votar, su deseo de que la elección aporte "cohesión" nacional para hacer frente a los "riesgos interiores y exteriores".
De los cuatro ultraconservadores, dos están entre los ocho ciudadanos iraníes que, junto con un libanés, están reclamados por la justicia argentina como supuestos implicados en el atentado de 1994 contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en el que murieron 85 personas.
Mohsen Rezaei, que era entonces comandante del Cuerpo de Guardianes de la Revolución, está buscado con "alerta roja" por Interpol, mientras Ali Akbar Velayati, ministro de Exteriores en 1994, está buscado por Interpol, pero sin "alerta roja", por el caso Amia.

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