9 de febrero 2005 - 00:00

Trabas al divorcio

El Vaticano reiteró ayer que los católicos divorciados que han vuelto a casarse por el rito civil no pueden recibir la comunión, aunque precisó que estos fieles «no están excomulgados» y no deben sentirse marginados por el hecho de no poder comulgar. En esa línea se expresaron ayer el cardenal español Julián Herranz, presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, y el obispo Doménico Sorrentino, secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, durante la presentación del documento «Dignitas connubili» sobre la dignidad del matrimonio. La posición de la Iglesia en el caso de los católicos divorciados vueltos a casar quedó expuesta en un documento del año 2000, en el que se precisó que estos fieles no pueden recibir la comunión y jamás podrán hacerlo, a no ser que se abstengan de mantener relaciones sexuales con su nueva pareja y en ese caso deberán comulgar «a escondidas», es decir con discreción.

El Vaticano presentó ayer el documento «Dignitas connubili» (Dignidad del matrimonio) que establece las reglas a que deben atenerse los tribunales de la Iglesia para declarar nulos los contratos matrimoniales. El documento es una «instrucción» y no tiene el objetivo de «anular» un matrimonio existente, si no de revisar si el matrimonio existió, o sea si era «nulo» desde su inicio. No se trata de un «divorcio» católico, ni de la certificación del fracaso de un matrimonio, sino de la corroboración «en verdad» de un matrimonio que nunca existió.

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