Para quienes siguen los movimientos profundos de la política exterior de la región, se trata de la discusión económica más importante de las que transcurren en estos días: el tratado de protección y promoción de inversiones sentre el Uruguay y los Estados Unidos se convertirá en el eje de las conversaciones entre los presidentes del Mercosur y de países adherentes que se desarrollarán en Asunción a partir del domingo.
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El acuerdo fue firmado por el ex presidente Jorge Batlle pero, como el país estaba sumergido en la campaña electoral de 2004 y el Congreso se encontraba en receso, sólo fue enviado al Parlamento el 15 de febrero pasado, cuando la administración colorada se marchaba del poder. A Vázquez se le convirtió en el primer desafío para su gestión. El test decisivo sobre la veracidad de aquellas palabras pronunciadas en Buenos Aires durante el proselitismo: «No romperemos ningún contrato de los que rigen las relaciones entre el Uruguay y el mundo».
¿Cuál es el motivo del escándalo sobre el que navega hoy el Frente Amplio y que desatará negociaciones en Asunción este fin de semana? Un itinerario del problema:
• Washington y Montevideo negociaron ese acuerdo sobre protección de inversiones en el peor momento de la historia reciente del Uruguay, en medio de la reestructuración de la deuda y la crisis del sistema financiero. Lo hizo notar, con la misma torpeza que aplican a menudo algunos representantes de la actual gestión del Departamento de Estado en la región (bastaría repasar la peripecia boliviana, por ejemplo), el embajador Martin Silverstein, cuando insinuó que no llegarían más inversiones al país si el Congreso no ratificara el tratado. Debería hacerlo en julio. Silverstein agregó, para mayor contradicción del gobierno de Vázquez, que esa administración registra altos porcentajes de adhesión en las encuestas porque la opinión pública sigue premiando, con inercia, a la administración anterior. Silverstein se retirará pronto de Montevideo.
• El acuerdo provocó un gran escozor en el izquierdista Frente Amplio no tanto por este tratamiento retórico como por una cláusula específica: la que establece que sólo estarán protegidas las empresas que no estén en manos de capitales provenientes de países considerados enemigos por el gobierno de los Estados Unidos. Es decir, de estados como Venezuela, Cuba, Irán o China.
Estalló la discordia en el oficialismo uruguayo ante este requisito. Danilo Astori, el ministro de Economía, insiste en que el acuerdo heredado de Batlle debe ser aprobado por las cámaras sin retoque alguno. Se enfrenta al canciller, Reynaldo Gargano, presidente del Partido Socialista, quien intenta poner límites al embajador de George W. Bush y recomienda la renegociación del acuerdo.
El Movimiento de Participación Popular, que nuclea a los antiguos militantes tupamaros del Uruguay, llamó hace dos semanas a un plenario para discutir la conducta que debería seguirse frente al tratado con los Estados Unidos. Pero la junta directiva fue parada en seco por José Mujica, líder del sector y ministro de Ganadería de Vázquez, diciendo que «me enteré por los diarios que iban a discutir algo que corresponde debatir en el Parlamento».
• En esa oportunidad, Mujicadijo algo que abre un frente igualmente complicado: «Hay que saber qué opinan los demás integrantes del Mercosur». A Astori no se le ocurrió abrir el juego de esa manera y tal vez tampoco a Gargano. Pero los demás gobiernos del bloque festejan la recomendación, sobre todo el de Luiz Inácio Lula da Silva.
Brasil es el país que más reparos interpone a cualquier forma de apertura a los Estados Unidos en materia comercial pero, sobre todo, de inversiones.
¿Cuál es el temor de Itamaraty? La cláusula por la que el Uruguay le concede a Estados Unidos la condición de «nación más favorecida».
Para los diplomáticos brasileños esto significa que cualquier ventaja que le otorgue un país del Mercosur a sus socios terminará extendiéndose a Washington. «Es el fin del bloque o, por lo menos, de cualquier profundización en la integración en materia de inversiones.» ¿Cuál es el temor específico en este caso?
Que se extienda el concepto de inversión a los servicios financieros y de propiedad intelectual. La restricción en la apertura de estos mercados es tal vez el diferendo más serio que existe entre los Estados Unidos y Brasil, razón principal por la que están paralizadas las tratativas por el ALCA.
Lula y su canciller Celso Amorim concurrirán a Asunción envueltos en sus propias tribulaciones, originadas en el escándalo de pagos de coimas en el Senado. Ese episodio es para el PT suficientemente traumático como para condolerse del Frente Amplio. Pero igual interesarán a los demás mandatarios y ministros en sus preocupaciones.
Casi tanto como el bolivariano Hugo Chávez, quien estará en Asunción y denunciará, con voz más o menos fuerte, su carácter de discriminado si el Congreso oriental termina aprobando el acuerdo Batlle-Bush.