Un atentado suicida dejó al menos 26 muertos en Siria
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Una imagen de televisión muestras las consecuencias de la explosión.
Estados Unidos condenó "enérgicamente" el atentado suicida de Damasco.
El Hezbolá libanés, aliado de Siria, acusó a Washington de estar detrás del ataque.
Por su parte, los Hermanos Musulmanes sirios acusaron al régimen de Al Asad del atentado.
"Acusamos al régimen, a sus servicios de seguridad y a sus bandas de la total responsabilidad del crimen y les consideramos responsables de toda gota de sangre vertida en suelo sirio", indicó en un comunicado su portavoz Zuheir Salem.
"Pedimos una investigación internacional y árabe sobre la explosión antes de que los criminales escondan sus pruebas del crimen", añadió. La televisión privada Dunia, cercana al poder, afirmó que un equipo de observadores árabes había acudido al lugar de los hechos, pero que ninguno quiso hacer declaraciones.
Paralelamente, unas 50.000 personas salieron a la calle en la plaza de la Gran Mezquita de Duma, en la región de Damasco, mientras que se registraron manifestaciones en Hama (centro), Idleb y Latakia (noroeste), Alep (norte), Deir Ezor (este) y Deraa (sur).
En Hama, seis civiles murieron cuando el ejército dispersó con disparos una manifestación, mientras que otros ocho perecieron en la provincia de Damasco. En Homs (centro), bastión del movimiento de contestación, dos civiles murieron y un tercero pereció en Rastán, según el Observatorio Siria para los Derechos Humanos.
El 23 de diciembre, 44 personas murieron y 166 resultaron heridas en dos atentados suicidas con coche bomba en Damasco, que fueron atribuidos a Al Qaida por las autoridades, mientras la oposición acusó al régimen de Bashar al Asad.
Se trató entonces de los primeros atentados de este tipo desde el inicio de la rebelión popular el pasado 15 de marzo contra el régimen, que se niega a reconocer la magnitud de las protestas y acusa a "bandas armadas terroristas" de crear el caos en el país.
Los atentados del 23 de diciembre se produjeron un día después de la llegada a Siria de una delegación árabe que debía preparar la misión de observadores de la Liga Árabe, que se inició tres días después.
Esta misión, que visitó varias ciudades del país, es criticada cada vez más por la oposición siria, que le reprocha no haber impedido que el régimen siguiera su represión sangrienta de la rebelión.
Por su parte, el régimen de Asad acusó a Estados Unidos de inmiscuirse en la misión de observadores árabes encargados de dar cuenta de la situación en Siria.
Según los Comités Locales de Coordinación, que organizan las manifestaciones opositoras en Siria, 390 personas murieron desde el 26 de diciembre, fecha en que la misión de observadores comenzó su trabajo. El propio jefe de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, admitió que los disparos contra los manifestantes opuestos al régimen continuaban.
Según estimaciones de la ONU, la represión en Siria dejó al menos 5.000 muertos desde el 15 de marzo.




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