Un escándalo de valijas sacude a Gran Bretaña

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Justo cuando el juicio por el «valijagate» de Antonini-Wilson llega a su fin, explota en Londres el «yachtgate», un escándalo de iguales o mayores proporciones, donde también el hilo argumental se entreteje en torno del origen presuntamente extranjero y «non sancto» de dinero aportado para la política. Para el Partido Conservador, en este caso.

Hay diferencias, claro. El «yachtgate» es puro glamour y no involucra a arrepentidos, torpes espías, funcionarios distraídos, secretarias seductoras y ex policías aduaneras devenidas en conejitas. Los enredados en el «yachtgate» destilan alcurnia, con magnates en serio (de los hedge funds, del aluminio, de los medios), gravitan en la política británica y rusa y están interconectados con altísimas esferas del poder mundial.

Vayamos al escenario que dio origen a la carátula del caso. Fue a mediados de agosto, en la cubierta del Queen K, un yate de 72 metros anclado en las aguas de la isla griega de Corfú, frente a la mansión veraniega de los Rothschild. El o l i g a rc a ruso Oleg Deripaska (41), dueño de la embarcación, del gigante del aluminio Rusal y de Norilsk Nickel, la mayor productora de níquel del mundo, recibe a bordo a Peter Mandelson (en ese momento era comisario de Comercio de la Unión Europea, hoy es flamante lord y secretario de Negocios del gobierno laborista de Gordon Brown); al británico Andrew Feldman, un ejecutivo a cargo de la recaudación para el partido «tory»; al «canciller en las sombras» de ese partido, el aristócrata George Osborne, y a Nat Rothschild, heredero del baronazgo de esa familia banquera, además de exitoso financista y socio del oligarca ruso en varios negocios.

La reunión se hace para supuestamente pedirle a Deripaska -el hombre más rico de Rusia, con una fortuna estimada en u$s 28.600 millones antes de la crisis financiera- que aporte algún dinerillo a las arcas del Partido Conservador británico. No es algo tirado de los pelos: Deripaska, como casi todos los oligarcas rusos, tiene negocios en el Reino Unido.

Además, este diplomado en Física Cuántica en Moscú, amigo de Vladimir Putin y casado con la nieta de Mijail Gorbachov, perfeccionó su inglés en la London School of Economics (viajaba para ello todas las semanas desde Rusia en su jet), tiene una casa en el distrito londinense de Belgravia, y es dueño de la compañía británica de ómnibus Leyland.

Si bien la colaboración en dinero para los «tories» nunca se concretó, los pormenores de la reunión se ventilaron en la prensa por infidencias tanto de Osborne como de Rothschild, ex compañeros de estudios en Oxford y ahora ex amigos. Los diarios anticonservadores, como «The Guardian», «The mail on Sunday» o «The Independent», aprovecharon para cuestionar la rectitud del partido opositor y la idoneidad de lord Mandelson al frente de la Secretaría de Negocios, ya que en su trabajo anterior, como comisario de Comercio por la UE, su conducta no había sido
ética.

Frecuentaba desde 2004 al ruso «rey del aluminio y el níq u e l » , m i e n t ras estudiaba una reducción en los aranceles para el ingreso de esos metales a la UE.

El conservador «The Times», propiedaddel australiano Rupert-Murdoch, que no participódel cónclave en el Queen K pero que sí compartió parte de sus vacaciones con los personajes involucrados, también entró al ruedo y está publicando trapitos sucios de los laboristas.

Por las ramificaciones que ya aparecieron, el «yachtgate» seguirá siendo noticia. Se descubrió que Oleg Deripaska tiene cancelada su visa para entrar a EE.UU. La CIA lo investiga por sus relaciones con la mafia rusa. Por las dudas, el oligarca contrató a Tim Allan, un lobbysta del laborismo británico y ex CEO de Sky Communications, una compañía de Murdoch. La Corte (High Court) de Londres acusa a Deripaska de asociación con Anton Malevsky, «el mafioso más peligroso de Rusia». Mientras tanto, ayer Peter Mandelson, al frente de una delegación empresarial británica, viajó a la boca del lobo: Moscú. La prensa en estos momentos discute si «Mandy» ayudó a otros rusos, además de Deripaska, en sus negocios.

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