Una imparable historia de engaños
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De cara a los comicios de noviembre, tanto demócratas como republicanos han querido demostrar al electorado que su partido tiene «mano dura» contra el fraude contable y los ejecutivos corruptos.
• Deterioro
Es que desde diciembre de 2001, cuando la crisis del sistema financiero y productivo llegó al corazón del sistema, y Enron, una empresa de energía hasta ese momento adulada por todos, entró en bancarrota, la ronda de la ahora cuestionada «contabilidad creativa» comenzó y no paró más. La economía del engaño se transmitió a la velocidad de la luz. Todos los días cae algún gigante. Y aún no se ha llegado al final.
En Enron hubo un deterioro paulatino del valor de sus acciones; ocultación y destrucción de información, la ruina de sus empleados; la creación de miles de sociedades instrumentales para sacar partidas del balance.
Siguieron Xerox, Johnson and Johnson, Global Crossing, IBM, Carlsberg, ABB, Nortel, Dynegy, Duke Energy, Adelphia, Tyco, Computer Associates, Enterasys, Imclone Systems, Kmart, Lu-cent, Network Associates, Peregrine Systems, Qwest, Rite Aid, entre otras firmas, hasta llegar a WorldCom, cuya suspensión de pagos superó a la de Enron. En unos casos han habido irregularidades comprobadas; en otros, sospechas e investigaciones por parte de la SEC o del FBI.
Pero los mínimos de credibilidad de la contabilidad empresarial pueden caer todavía más si el Senado de EE.UU. comprueba la implicación de Citigroup y JP Morgan como cómplices interesados de Enron. De Enron a WorlCom, pasando por la consultora Andersen. En muchas de las compañías con problemas, la auditora, la encargada de reconocer si los estados contables eran correctos, era Andersen, el patrón oro de las auditoras mundiales. Andersen ha comunicado a la SEC que a partir de ahora renunciará a auditar compañías que cotizan en Bolsa, lo que puede suponer su final.
Estos escándalos contienen distintos capítulos de responsabilidad y de conflictos de intereses que ponen en tela de juicio la imparcialidad y la independencia de cada actor.
En tanto, otro protagonista de lujo, afectado por esta monumental crisis de confianza, ha sido el banco de inversión Merrill Lynch al que el Congreso de Estados Unidos está listo para interrogar desde hoy por sus negocios de la firma con Enron. Según un correo electrónico interno del banco que se dio a conocer, algunos de sus analistas bromeaban sobre el nulo valor de unas acciones que oficialmente recomendaban. A continuación se supo que ello no era una excepción, sino que había multitud de casos en los que no existía separación entre las divisiones de análisis y de inversión de los bancos de negocios: tenían a las empresas como clientes, por una parte, y, por la otra, como objeto de análisis.




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