30 de julio 2002 - 00:00

Una imparable historia de engaños

Nueva York (Bloomberg, Reuters, EFE, Servicio Económico de El País) - Un día antes de que el presidente George W. Bush promulgue la ley de reforma corporativa con la que el gobierno estadounidense espera restaurar la confianza de los inversores en los mercados financieros, el gigante de las telecomunicaciones Qwest admitió ayer que contabilizó de manera errónea 1.160 millones de dólares en ventas, por lo que deberá reajustar sus estados financieros para los años 2000 y 2001.

«Se cometieron errores contables, que serán corregidos y dados a conocer», dijo en una conferencia con analistas el presidente ejecutivo de la compañía, Richard Notebaert. «Los procedimientos internos están siendo, y continuarán siendo corregidos», agregó el ejecutivo.

Qwest dijo en abril que esperaba que sus ventas en 2002 se situaran entre 18.000 y 18.400 millones de dólares, y que sus ganancias antes de impuestos, amortizaciones, depreciaciones e intereses alcanzasen a entre 6.400 y 6.600 millones de dólares. A fines de abril, la compañía tenía una deuda total de 21.400 millones de dólares.

Qwest reconoció que contabilizó de manera errónea algunos ingresos en 2002 y 2001, aunque no entregó detalles de estas operaciones. Por todo eso, los analistas de Wall Street temen que Qwest pueda tener problemas a la hora de acceder a dinero en efectivo, algo similar a lo ocurrido con WorldCom, empresa que se declaró en bancarrota tras anunciar que había contabilizado de manera fraudulenta unos 3.850 millones de dólares de gastos y que a partir de hoy deja-rá de cotizar en el mercado de acciones del sector tecnológico e informático, NASDAQ.

La noticia de Qwest provocó la baja de más de 20% del valor de sus acciones en los primeros minutos de negocios de la última jornada, aunque más tarde la fuerte recuperación del mercado apoyó también a las acciones de la empresa, que cerraron con una baja de sólo un centavo a 1,49 dólar. Hace un año las acciones llegaron a valer 29,50.

En tanto, Bush reiteró ayer que los culpables de fraude empresarial serán severamente castigados. A los ejecutivos que, a sabiendas, manipulen los libros de contabilidad para mejorar la imagen de sus empresas, «los encontraremos, los arrestaremos y les pediremos cuentas», afirmó. A raíz de la ola de escándalos que ha sacudido a Wall Street, el presidente aceptó una propuesta de reforma de los sistemas de contabilidad de las empresas, promovida por los demócratas. La medida, que también contó con el visto bueno del Partido Republicano y será promulgada hoy, impone penas carcelarias para ejecutivos corruptos, establece una junta independiente que vigile a las empresas auditoras e implementa una serie de medidas de contabilidad más estrictas. Asimismo, otorga a la Comisión del Mercado de Valores (SEC, por sus siglas en inglés) mayores recursos para investigar casos de fraude e irregularidades contables y establece penas para los ejecutivos culpables.

De cara a los comicios de noviembre, tanto demócratas como republicanos han querido demostrar al electorado que su partido tiene «mano dura» contra el fraude contable y los ejecutivos corruptos.

• Deterioro

Es que desde diciembre de 2001, cuando la crisis del sistema financiero y productivo llegó al corazón del sistema, y Enron, una empresa de energía hasta ese momento adulada por todos, entró en bancarrota, la ronda de la ahora cuestionada «contabilidad creativa» comenzó y no paró más. La economía del engaño se transmitió a la velocidad de la luz. Todos los días cae algún gigante. Y aún no se ha llegado al final.

En Enron hubo un deterioro paulatino del valor de sus acciones; ocultación y destrucción de información, la ruina de sus empleados; la creación de miles de sociedades instrumentales para sacar partidas del balance.

Siguieron Xerox, Johnson and Johnson, Global Crossing, IBM, Carlsberg, ABB, Nortel, Dynegy, Duke Energy, Adelphia, Tyco, Computer Associates, Enterasys, Imclone Systems, Kmart, Lu-cent, Network Associates, Peregrine Systems, Qwest, Rite Aid, entre otras firmas, hasta llegar a WorldCom, cuya suspensión de pagos superó a la de Enron. En unos casos han habido irregularidades comprobadas; en otros, sospechas e investigaciones por parte de la SEC o del FBI.

Pero los mínimos de credibilidad de la contabilidad empresarial pueden caer todavía más si el Senado de EE.UU. comprueba la implicación de Citigroup y JP Morgan como cómplices interesados de Enron. De Enron a WorlCom, pasando por la consultora Andersen.
En muchas de las compañías con problemas, la auditora, la encargada de reconocer si los estados contables eran correctos, era Andersen, el patrón oro de las auditoras mundiales. Andersen ha comunicado a la SEC que a partir de ahora renunciará a auditar compañías que cotizan en Bolsa, lo que puede suponer su final.

Estos escándalos contienen distintos capítulos de responsabilidad y de conflictos de intereses que ponen en tela de juicio la imparcialidad y la independencia de cada actor.

En tanto, otro protagonista de lujo, afectado por esta monumental crisis de confianza, ha sido el banco de inversión Merrill Lynch al que el Congreso de Estados Unidos está listo para interrogar desde hoy por sus negocios de la firma con Enron.
Según un correo electrónico interno del banco que se dio a conocer, algunos de sus analistas bromeaban sobre el nulo valor de unas acciones que oficialmente recomendaban. A continuación se supo que ello no era una excepción, sino que había multitud de casos en los que no existía separación entre las divisiones de análisis y de inversión de los bancos de negocios: tenían a las empresas como clientes, por una parte, y, por la otra, como objeto de análisis.

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