Una intriga que sacude la campaña
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¿Qué busca el gobierno, entonces? «La figura de Lugo es muy fuerte dentro de la oposición, pero también cuenta con muchas dificultades. De hecho, UNACE (el partido de Oviedo, un desgajamiento del coloradismo) no lo apoyaba firmemente, por lo que ahora cabe esperar una división del espacio opositor y la aparición de una nueva alternativa».
Un dato: hace apenas dos meses Oviedo se negó a recibir en la cárcel a una delegación política encabezada por el propio Lugo, quien pretendía sondear un posible apoyo del ex general a su candidatura.
El fallo de ayer le restituye a Oviedo el derecho a hacer política, pero no a ser candidato, ya que su pena aún está vigente. Así, podría hacer campaña por un postulante propio, posibilidad que lo aleja aun más del ex obispo.
Los comicios serán en abril, pero en febrero vencerá el plazo para la presentación de las candidaturas, por lo que los tiempos para que la Corte Suprema revise el caso por el intento de golpe de 1996 y habilite plenamente a Oviedo son factibles aunque estrechos.
Sin embargo, esa posibilidad no parece figurar en los planes del gobierno. «La Corte puede tratar el caso inmediatamente, pero no creo que lo haga porque darle vía libre a Oviedo sería riesgoso para el oficialismo. Más allá de simpatías y antipatías, él tiene todavía poder y es un líder muy carismático», añade Cáceres Amarilla.
El escenario político queda, entonces, configurado de un modo complejo. Lugo renunció a su cargo como obispo porque la Constitución paraguaya impide postularse a la presidencia a los ministros de cualquier confesión, pero la dimisión fue rechazada por el Vaticano. Un intento, seguramente, de cerrarle el paso desde Roma a este hombre con discurso de centroizquierda, justificado en el rechazo del papa Benedicto XVI a que los hombres de la Iglesia se involucren en política. Una postura, dicho sea de paso, largamente ignorada en la Argentina sin que se conozcan protestas de la Curia.
Así las cosas, la candidatura del ex obispo al frente de una coalición de partidos opositores dista de estar asegurada. En ese caso, también, la «mayoría automática» de la Corte Suprema tendrá la última palabra.
Lo de Oviedo, se ha dicho, también está sujeto a demasiadas condiciones. No sólo su habilitación depende de los jueces supremos; también la posible activación de otras dos causas en su contra (por el asesinato del ex vicepresidente Luis María Argaña en 1999 y la posterior represión a siete jóvenes), las que podrían llevarlo nuevamente a la sombra.
¿Terminará convergiendo todo, otra vez, en el Partido Colorado? Final probable, si los humores sociales y las lealtades políticas no confesadas que desató la liberación del viejo caudillo no sacan antes al genio de su lámpara.




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