Vieja guardia del PT reta a Lula y resiste renovación
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José Dirceu, el ex jefe de Gabinete de Brasil que, pese a su caída en desgracia por acusaciones de corrupción, sigue manejando los hilos en el Partido de los Trabajadores.
Genro creyó que podría afirmar su autoridad desplazando de la lista electoral a los dirigentes del Campo Mayoritario identificados con la crisis, empezando por Dirceu, artífice de la victoria de Lula en 2002 y su ministro más poderoso desde 2003 hasta junio de 2005, cuando renunció tras ser mencionado como responsable de un esquema de pago de sobornos a diputados, acusación que él ha negado. Pero rápidamente se percató de que las cosas no serían tan fáciles, en momentos en que Dirceu enfrenta también un proceso de revocación de su mandato de diputado.
«Antes que salir de la lista, sería mejor pegarme un tiro en la cabeza», comentó Dirceu la semana pasada.
Según fuentes cercanas al gobierno que pidieron el anonimato, Genro «se hundió por sus propios errores». Agregaron que había contactos para encontrar una solución negociada, pero «cuando fue a la prensa para pedir que Dirceu saliera, cerró toda posibilidad. Dirceu no podía aceptar eso».
Ante la defección de Genro, el secretario general del PT, Ricardo Berzoini, confirmó que será candidato a la presidencia partidaria. «Prefiero que Tarso continúe en la disputa, pero si desiste, coloco mi nombre a disposición para ser el candidato del Campo Mayoritario», dijo éste al diario «O Globo».
Berzoini criticó las condiciones impuestas por Genro para mantener su candidatura. «Tarso no podía crear ese clima de impasse, del tipo yo o él, eso no es bueno para el partido», dijo el dirigente del PT, ex ministro de Trabajo de Lula da Silva. Así, el partido de gobierno se debate entre la necesidad de entablar su reconstrucción y la fidelidad a personajes que lo sumieron en la peor crisis moral y política de sus 25 años de historia.
• Blindaje
El PT «no consiguió librarse de la mancha» que «llevó a su dirección por el camino del crimen organizado», dijo el juez Walter Maierovitch, ex secretario antidrogas del gobierno en 1999 y actual presidente del Instituto Brasileño de Ciencias Criminales, Giovanni Falcone. «La dirección del PT está blindando a personas investigadas y tratando de mantener el poder en el partido, para demostrar que hubo solamente crímenes electorales y no crímenes más graves como lavado de dinero y pago de sobornos a aliados», dijo Maierovitch.
Así, a más de cien días de las primeras denuncias que desencadenaron la actual crisis política, el PT aún no ha sancionado a ningún dirigente, ni a los legisladores involucrados en el escándalo, pese a la presión de sus corrientes de izquierda.
Aunque el presidente Lula da Silva anunció estar dispuesto a «cortar carne de mi carne» para enfrentar las acusaciones de corrupción, su partido aún no tomó disposición interna alguna contra los acusados, a pesar de que algunos, como el ex tesorero Delúbio Soares -quien pidió su desafiliación temporaria hasta que se aclare el caso-, han confesado públicamente serias irregularidades. Este negó ante el Congreso el pago de sobornos a legisladores, pero admitió haber utilizado los servicios de un publicitario, Marcos Valério, para contraer préstamos millonarios en bancos, y utilizar esos recursos no declarados en la Justicia para financiar las campañas del partido y sus aliados. Las investigaciones confirmaron que al menos nueve diputados federales del PT, entre ellos el titular de la Cámara baja, Joao Paulo Cunha, y dos ex líderes de la bancada, Profesor Luizinho y Paulo Rocha, recibieron dinero de Valério.




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