Brasilia (Reuters, EFE, AFP) - Un inmenso sistema de radar que comenzó a funcionar ayer espiará a los narcotraficantes, los buscadores de diamantes y los taladores ilegales que infestan la Amazonia brasileña, cubriendo un área de densas selvas tropicales del tamaño de Europa occidental.
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Sin embargo, detrás de esta red de radares, torres de control y aviones de vigilancia de 1.400 millones de dólares, se esconde otra historia de espionaje marcada por denuncias de interferencia de la CIA, teléfonos interceptados, sobornos y diplomacia solapada.
Idea del contratista de defensa estadounidense Raytheon Co., el Sistema para la Vigilancia del Amazonas o SIVAM llenará un vacío en Brasil que ha expuesto sus fronteras a la delincuencia internacional y las actividades de rebeldes.
SIVAM, construido bajo el contrato de defensa más costoso de la historia brasileña, controlará 5,2 millones de kilómetros cuadrados de la mayor selva tropical del mundo, y al mismo tiempo ayudará a catalogar la diversidad biológica y las poblaciones indígenas de la zona.
Pero los superlativos no terminan ahí. Con más de una década en construcción, el SIVAM fue el primer escándalo y uno de los mayores del gobierno saliente del presidente Fernando Henrique Cardoso, y desató un tornado político en 1995 que les costó el puesto a varios funcionarios.
Cardoso inauguró el sistema en medio de críticas de la oposición y la prensa de que ha entregado el control de la Amazonia y su riqueza de datos a Estados Unidos. Los detractores del SIVAM argumentan que la inteligencia estadounidense, con ayuda de autoridades brasileñas, obtuvo información privilegiada para asegurar el contrato para Raytheon, lo que dio a Estados Unidos un privilegio de observación sobre la Amazonia brasileña y la frontera con Colombia.
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