3 de octubre 2026 - 19:00

El inventor olvidado que se hizo rico salvando nuestros veranos hace más de un siglo

Su invento nació para resolver un problema industrial y terminó cambiando para siempre la forma de enfrentar el calor.

Carrier buscó corregir un problema industrial, pero terminó creando una solución infalible para combatir el calor.

Carrier buscó corregir un problema industrial, pero terminó creando una solución infalible para combatir el calor.

williscarrier.com

Cada verano, millones de personas encienden un aparato cuya historia comenzó muy lejos del confort doméstico. No nació para refrescar casas ni para soportar una ola de calor, sino como respuesta a un problema industrial que estaba arruinando el trabajo de una empresa estadounidense a comienzos del siglo XX.

Detrás de aquella solución estaba Willis Carrier, un joven ingeniero que llevaba apenas un año de recibido cuando recibió el encargo. Lo que parecía un inconveniente técnico bastante específico, terminó abriendo un negocio completamente nuevo y transformando la manera de trabajar, viajar y habitar espacios cerrados.

Lo que empezó como un invento para combatir la humedad hoy en día se usa hasta en vehículos para combatir el calor.

Lo que empezó como un invento para combatir la humedad hoy en día se usa hasta en vehículos para combatir el calor.

De una imprenta de Brooklyn al invento que cambió el mundo

Carrier nació en 1876 en Angola, una pequeña localidad del estado de Nueva York, y creció en una familia dedicada a una granja lechera. Años más tarde estudió ingeniería en la Universidad de Cornell, donde se graduó en 1901 antes de incorporarse a Buffalo Forge Company por un sueldo de apenas u$s10 semanales.

La compañía fabricaba sistemas de calefacción, ventiladores y distintos equipos industriales. Durante sus primeros meses, el recién graduado trabajó en proyectos para secar madera y café, entre otras tareas. Su oportunidad apareció cuando un cliente llegó con un inconveniente que nadie había conseguido resolver de manera precisa.

Sackett & Wilhelms, una empresa de impresión y litografía de Brooklyn, sufría pérdidas por las condiciones dentro de su planta. La humedad cambiaba las dimensiones del papel y complicaba un proceso que exigía imprimir distintas tintas sobre una misma hoja sin que se desplazaran entre una pasada y otra.

Buffalo Forge aceptó buscar una respuesta y puso el desafío en manos del joven ingeniero. El encargo acabaría siendo decisivo: en julio de 1902 quedaron fechados los planos del sistema reconocido como el primer aire acondicionado moderno. La instalación comenzó a funcionar ese mismo verano en la fábrica de Brooklyn.

Cómo un problema de humedad dio origen al aire acondicionado

El inconveniente de la imprenta no era simplemente el calor. Cuando aumentaba o disminuía la humedad, el papel se expandía o se contraía. Como cada color se aplicaba por separado, una mínima variación bastaba para que las imágenes quedaran desalineadas y parte de la producción terminara descartada.

Carrier comenzó a experimentar con distintas formas de modificar las condiciones del ambiente. Después de probar alternativas que generaban otros inconvenientes, recurrió a serpentines con agua fría y ajustó la relación entre su temperatura y el flujo de aire. Así podía bajar la temperatura hasta alcanzar el punto de rocío buscado y retirar parte de la humedad.

El equipo instalado en Sackett & Wilhelms utilizaba serpentines, ventiladores, conductos, calentadores y controles de temperatura. Fue preparado para mantener una humedad relativa constante del 55%, una estabilidad especialmente importante para que las hojas conservaran sus dimensiones durante todo el proceso de impresión.

El resultado llamó rápidamente la atención de otras industrias con dificultades similares. La tecnología comenzó a utilizarse en fábricas textiles, molinos y otros establecimientos donde controlar las condiciones ambientales podía evitar pérdidas o mejorar la producción. En 1906, Carrier obtuvo la patente número 808.897 para su “aparato para tratar el aire”.

Su carrera empresarial tomó otra dimensión en 1915. Junto con otros seis ingenieros fundó Carrier Engineering Corporation con un capital inicial de u$s32.600. La climatización dejó así de ser una solución creada para una imprenta y empezó a convertirse en una industria propia.

Carrier decidió iniciar su propia empresa, la cual terminó de darle forma al aire acondicionado que inspiró los modelos actuales.

Carrier decidió iniciar su propia empresa, la cual terminó de darle forma al aire acondicionado que inspiró los modelos actuales.

La noche en la que Carrier diseñó la máquina que todavía usamos

Una de las escenas más recordadas de su historia ocurrió unos meses después de aquellos primeros planos. A finales de 1902, mientras esperaba un tren en una estación de Pittsburgh durante una noche fría y cubierta de niebla, Carrier comenzó a observar la relación entre temperatura, saturación y cantidad de agua contenida en el aire.

La conclusión parecía contradictoria: era posible secar el aire haciéndolo pasar por agua bajo condiciones controladas. Esa observación permitió perfeccionar el tratamiento de la humedad y condujo al desarrollo de un equipo capaz de humidificar o deshumidificar con mucha más precisión. Para 1903 ya había completado el aparato surgido de aquella idea.

Por eso, la noche de Pittsburgh no fue exactamente el momento en que apareció desde cero el primer equipo, cuyos planos ya estaban fechados en julio. Ese episodio le permitió comprender mejor el principio físico sobre el que desarrollaría sus siguientes sistemas y las fórmulas psicrométricas que presentó en 1911.

Durante los años siguientes continuó perfeccionando la tecnología. En la década de 1920 desarrolló equipos capaces de refrigerar espacios mucho mayores y la climatización comenzó a extenderse por comercios, grandes edificios, teatros y medios de transporte. Aquella solución nacida por unas hojas de papel deformadas por la humedad ya había empezado a llegar mucho más allá de las fábricas.

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