Cuotapartes y tokens: alternativas a la inversión inmobiliaria tradicional

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Tanto un fondo común de inversión cerrado como un activo inmobiliario tokenizado son ideales para aquellos que cuentan con ahorros desde 100 mil pesos.

Históricamente, en Argentina la inversión en ladrillos funcionó como un resguardo de valor, ya que protege de la inflación y a la vez no tiene la volatilidad que posee el mercado financiero, y mucho menos la que viven hoy las criptomonedas. Sin embargo, existen alternativas a la compra de la totalidad de un único inmueble. Los fondos comunes de inversión cerrados (FCIC) y la tokenización de activos inmobiliarios ofrecen la posibilidad de invertir en una cartera de inmuebles con montos de ingreso que pueden ir desde los 100.000 pesos, y que ofrecen rentabilidades superiores a las inversiones tradicionales.

Tokenizar un activo significa dividirlo en partes pequeñas representadas por tokens y donde cada token posee el derecho de propiedad sobre esa parte proporcional del activo. Los fondos comunes de inversión funcionan de la misma manera pero el activo en vez de dividirse en tokens se divide en cuotapartes, que al igual que el token otorgan derecho de propiedad sobre el activo. La diferencia radica en que el token posteriormente se digitaliza para poder ser comercializado en el mundo digital y almacenado por cada inversor en su billetera virtual (wallet), en cambio, la cuotaparte se comercializa en un mercado de capitales regulado y cada inversor tiene acceso a estos a través de una cuenta comitente en una sociedad de bolsa.

Las ventajas de los fondos es que al estar regulados por un ente de control, como es en Argentina la Comisión Nacional de Valores, ofrecen mayor transparencia y seguridad ya que deben cumplir con un régimen de oferta pública e involucrar auditores tanto contables como de obra para asegurar al inversor la existencia y evolución de los activos de los cuales es propietario. El mundo digital, por su parte, no cuenta al momento con regulaciones claras y depende de cada emisor de tokens la transparencia que quiera brindarle. Sin embargo, sería posible que las cuotapartes de un fondo común sean tokenizadas para poder permitirle a un inversor del mundo digital acceder a un activo regulado como es un fondo de inversión pero con la ventaja de la globalidad que ofrece un token. En Dracma estamos analizando esta última alternativa ya que podría ser posible transformar algunas cuotapartes en tokens. Actualmente, por regulación, una sociedad de bolsa no puede recibir de los inversores dinero que no sea bancarizado por lo que no es posible recibir directamente criptomonedas de inversores. Pero como dije anteriormente, sí sería posible en caso de que una cantidad de cuotapartes fuesen tokenizadas.

Para un inversor de criptomonedas tener un porcentaje en inmuebles sería una excelente forma de diversificar su cartera ya que la correlación existente entre el real estate y el mundo crypto es muy baja por lo que permite disminuir de una manera muy eficiente su exposición al riesgo. Lo mismo aplica para inversores financieros de bonos y acciones que pueden con la misma facilidad con la que operan en el mercado de capitales tener parte de un activo inmobiliario que no es afectado por la volatilidad financiera de los mercados.

En conclusión, tanto un fondo común de inversión cerrado como un activo inmobiliario tokenizado son ideales para aquellos que cuentan con ahorros desde AR$ 100.000 ya que les permite acceder a rentabilidades en inversiones inmobiliarias que tradicionalmente están reservadas para los grandes capitales. Hoy, con la Ley de Blanqueo (Ley 27.613), incluso pueden acceder con montos no declarados pagando solo una penalidad del 5% (o 3% real si se blanquean dólares).

(*) Asociado de Dracma, Sociedad de Bolsa con operaciones en el mercado financiero local e internacional.

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