22 de junio 2026 - 10:39

La IA ya llegó al trabajo, pero las empresas no logran convertirla en valor

Un informe global advierte que el retraso en la implementación de inteligencia artificial pone en riesgo clientes, talento e ingresos. El 74% de los profesionales ya usa IA cada semana, pero muchas organizaciones todavía no tienen herramientas, capacitación ni estrategia clara.

Un informe de Thomson Reuters revela que el 74% de los profesionales ya usa IA cada semana, pero las empresas no logran convertir esa adopción en valor real.

Un informe de Thomson Reuters revela que el 74% de los profesionales ya usa IA cada semana, pero las empresas no logran convertir esa adopción en valor real.

Imagen creada con IA

La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo cotidiano de abogados, contadores, auditores y especialistas en cumplimiento. Sin embargo, el principal problema para las empresas ya no parece ser la adopción de la tecnología, sino la capacidad de convertirla en valor real dentro de sus organizaciones.

Así lo advierte el informe Future of Professionals 2026, elaborado por Thomson Reuters, que señala una brecha creciente entre la ambición de las compañías en materia de inteligencia artificial y la experiencia concreta de los profesionales que deben utilizarla en su trabajo diario.

El reporte, basado en una encuesta global a 1.816 profesionales de sectores jurídicos, fiscales, contables, de auditoría, cumplimiento, riesgo y comercio internacional en 62 países, sostiene que la tecnología está lista, pero muchas firmas todavía no lograron adaptar procesos, equipos y modelos de trabajo para capturar sus beneficios.

Según el relevamiento, el 74% de los profesionales ya utiliza herramientas de IA varias veces por semana y el 44% las usa varias veces por día. Aun así, el 41% afirma no tener acceso a soluciones diseñadas específicamente para tareas profesionales y basadas en contenido verificado.

El resultado es una adopción extendida, pero desordenada. La IA entró en la rutina laboral antes de que muchas organizaciones definieran estándares, controles y reglas claras para utilizarla de manera segura.

Clientes más exigentes y proveedores bajo presión

El informe muestra que los clientes corporativos ya incorporaron la inteligencia artificial como un criterio de evaluación para contratar servicios profesionales.

El 78% considera muy importante o esencial recibir mejoras de calidad habilitadas por IA por parte de las firmas con las que trabaja. Sin embargo, apenas el 6% afirma que la mayoría o la totalidad de sus proveedores efectivamente entrega ese valor.

Esa diferencia empieza a tener consecuencias económicas concretas. Thomson Reuters estima que el 32% de los clientes corporativos ya reconsideró o planea reconsiderar en los próximos 12 meses su relación con firmas que percibe rezagadas en el uso de IA.

Entre quienes evalúan cambiar de proveedor, un tercio calcula que hay más de u$s1 millón anual de trabajo en juego. Aplicado a los mercados jurídico y contable de Estados Unidos, el informe estima que unos u$s143.000 millones en ingresos podrían quedar bajo revisión activa por la capacidad —o incapacidad— de las firmas para entregar valor impulsado por IA.

“Estamos viendo emerger una división clara. Las firmas que están operacionalizando la IA están tomando la delantera. Las que no lo hacen comienzan a asumir riesgos reales en términos de talento, clientes y desempeño financiero”, afirmó Steve Hasker, presidente y CEO de Thomson Reuters.

El riesgo de la IA no autorizada

La falta de herramientas adecuadas también genera un fenómeno de riesgo creciente: el uso de inteligencia artificial no autorizada dentro de las organizaciones.

El informe señala que el 34% de los profesionales reconoce utilizar herramientas de IA que su empresa o firma no aprobó formalmente. Esa cifra aumenta al 41% entre quienes consideran que su organización avanza demasiado lento en la implementación de IA.

Para Thomson Reuters, ese comportamiento expone a las compañías a riesgos invisibles, especialmente en sectores donde se trabaja con información confidencial, documentos legales, datos fiscales, presentaciones regulatorias o asesoramiento a clientes.

Los profesionales son conscientes de esa exigencia. El 96% considera que las herramientas de IA deben proteger datos confidenciales, el 94% exige que los resultados estén basados en contenido confiable y verificado, y el 90% afirma que las respuestas deben poder explicarse y defenderse.

“No toda la IA es igual. En profesiones donde existe responsabilidad real, el estándar debe ser mucho más alto”, sostuvo Hasker. “Cuando los resultados influyen en decisiones legales, presentaciones regulatorias o asesoramiento a clientes, ‘casi correcto’ no es suficiente”.

La brecha también golpea al talento

El retraso en la ejecución de estrategias de inteligencia artificial no solo amenaza ingresos. También empieza a afectar la retención de talento.

Según el informe, el 91% de los profesionales percibe algún grado de brecha entre el valor que la IA podría aportar y lo que su organización efectivamente ofrece. Entre quienes experimentan esa distancia, uno de cada cuatro considera irse de su empresa o firma dentro de los próximos dos años.

El reporte advierte que el riesgo es especialmente alto entre los profesionales de carrera media, que combinan experiencia operativa, mayor uso de IA y mayor movilidad laboral. Casi tres de cada diez estarían dispuestos a cambiar de trabajo en dos años si la IA no entrega el valor que esperan.

Thomson Reuters calcula además que reemplazar a un profesional puede costar alrededor de u$s232.000, entre búsqueda, contratación, entrenamiento y pérdida de productividad.

El acceso a herramientas profesionales de IA empieza a convertirse así en una señal de competitividad laboral. El 62% de los encuestados afirmó que contar con soluciones de IA de nivel profesional sería un factor relevante para aceptar un nuevo puesto. Entre quienes ya utilizan este tipo de herramientas, casi un tercio rechazaría una oferta laboral si el nuevo rol no las incluyera.

Tener estrategia cambia los resultados

Uno de los datos más relevantes del informe es que la existencia de una estrategia formal de IA modifica de manera significativa la percepción de valor.

En organizaciones con una estrategia de IA identificada, el 66% de los profesionales afirma que la tecnología cumple o supera las expectativas en la creación de valor laboral. En cambio, cuando no existe una estrategia activa, ese porcentaje cae al 22%.

Sin embargo, incluso entre las organizaciones que dicen contar con una estrategia, la ejecución todavía presenta fallas. El 35% de los profesionales sostiene que la práctica diaria no refleja los objetivos declarados por la empresa.

Entre los motivos más mencionados aparecen la falta de herramientas adecuadas, la ausencia de capacitación para trabajar de la forma prevista y la falta de una comprensión compartida del plan.

La conclusión del informe es que la brecha más importante no es técnica, sino organizacional. La inteligencia artificial ya está disponible, pero muchas compañías todavía no rediseñaron procesos, roles y formas de trabajo para aprovecharla de manera consistente.

Una nueva etapa para las profesiones

El avance de la IA también reabre preguntas sobre la formación de nuevos profesionales. El 48% de los encuestados teme que la tecnología tenga un impacto negativo en el desarrollo del juicio profesional independiente. También aparecen preocupaciones sobre la capacidad de aprender a través de la experiencia y sobre la calidad del entrenamiento y la mentoría de los perfiles más junior.

Para Thomson Reuters, el desafío pasa por evitar que la automatización de tareas rutinarias debilite los procesos de aprendizaje que históricamente permitieron formar criterio profesional.

El informe plantea que la inteligencia artificial puede mejorar productividad, calidad, velocidad y satisfacción laboral. Pero para que eso ocurra, las organizaciones deben avanzar más allá de la adopción experimental y construir entornos de uso confiables, seguros y alineados con estándares profesionales.

En sectores donde los errores pueden tener consecuencias legales, fiscales, regulatorias o financieras, la discusión ya no pasa únicamente por usar IA. El nuevo estándar será demostrar que esa IA puede verificarse, explicarse y respaldarse.

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