La Fiebre del Oro llevó a miles de personas hasta California con la esperanza de hacerse ricas. Algunos regresaron con las manos vacías y otros consiguieron fortunas equivalentes a millones de dólares.
La insólita historia del millonario de la Fiebre del Oro que enterró su fortuna... y olvidó dónde la puso
Encontrar oro se le daba muy bien, pero poner a salvo todo lo que había conseguido resultó bastante más complicado.
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Swift llegó a ser uno de los hombres más ricos de California, pero su fortuna no tuvo el destino que esperaba.
Entre los más exitosos estuvo Granville Perry Swift, un aventurero cuya habilidad para encontrar el preciado metal terminó convirtiéndolo en millonario.
Pasó de buscar oro en California a construir una enorme mansión y convertirse en uno de los hombres más adinerados de la región. Sus problemas comenzaron cuando tuvo que encontrar una forma de guardar toda esa riqueza.
Granville Perry Swift: el hombre con "olfato" para el oro que conquistó California
Granville Perry Swift nació en Kentucky, Estados Unidos, en 1821 y llegó a California cuando tenía apenas 19 años. Era sobrino nieto del explorador Daniel Boone y, durante sus primeros años en la región, se dedicó a la caza y la ganadería. También participó en la Rebelión de la Bandera del Oso de 1846, cuando un grupo de colonos estadounidenses tomó Sonoma.
Su gran oportunidad llegó en 1848, con el descubrimiento de oro en California. Swift se trasladó junto a otros buscadores a Bidwell's Bar, una zona minera cercana al río Feather, donde demostró tener un talento extraordinario para encontrar el metal precioso.
Uno de sus compañeros lo describió como uno de los mejores mineros que había conocido y aseguró que parecía capaz de "oler el oro". En una región llena de buscadores dispuestos a pasar meses excavando, Swift consiguió destacarse rápidamente.
Durante sus primeras temporadas habría reunido más de u$s100.000, aunque una crónica publicada en 1875 llegó a calcular sus ganancias en más de u$s500.000. Con ese dinero compró extensas propiedades y construyó Temelec Hall, una mansión de tres pisos cuyo comedor tenía capacidad para 50 invitados.
De la riqueza a la paranoia: el insólito método para guardar sus monedas
En aquella época, California todavía no contaba con un sistema bancario desarrollado y Swift desconfiaba de dejar su patrimonio en manos de otras personas. Su solución fue guardar personalmente las monedas de oro bajo tierra.
Utilizaba cajas metálicas, botellas y distintos recipientes que enterraba en sus propiedades. Elegía lugares separados para repartir el dinero y evitar que un posible ladrón pudiera llevarse todo de una sola vez.
La estrategia terminó jugándole en contra. Con tantos escondites distribuidos por sus terrenos, comenzó a tener dificultades para recordar las ubicaciones. En algunos casos, los cambios en el paisaje hicieron todavía más complicada la búsqueda.
El problema también afectó a su hermana Mary, conocida como Polly, quien le había confiado una cantidad de oro valuada en unos u$s80.000. Swift decidió esconderla cerca de un arroyo, pero una crecida habría arrastrado el terreno donde se encontraba.
A esas dificultades se sumaron algunas inversiones desafortunadas. Perdió una parte importante de su patrimonio en un negocio minero relacionado con Comstock Lode, en Nevada, que terminó siendo recordado como una estafa. En 1864 se trasladó con su familia al condado de Solano, donde intentó mejorar su situación económica.
"Un frasco y una botella en el mismo pozo": las indescifrables pistas del tesoro
Swift había dejado algunas anotaciones para identificar sus escondites, pero estaban lejos de ser instrucciones claras. Una de las más conocidas mencionaba "una caja de lata y una pequeña botella, ambas en el mismo pozo", sin indicar dónde se encontraba. Otras pistas tenían errores de ortografía y referencias demasiado vagas para orientar una búsqueda.
En 1875, el antiguo buscador murió a los 54 años después de sufrir un accidente mientras recorría una zona montañosa en busca de minerales. Sus familiares quedaron con aquellas anotaciones y la posibilidad de que todavía hubiera monedas escondidas en distintos lugares.
Los primeros hallazgos importantes llegaron varias décadas después. En 1903, un trabajador encontró u$s7.000 en oro en un rancho del condado de Sonoma. Al año siguiente, unas reparaciones en la chimenea de una de las antiguas propiedades de Swift permitieron descubrir otros depósitos que sumaban más de u$s30.000.
El episodio más extraño ocurrió en 1914, cuando un ranchero llamado A.W. Lehrke aseguró haber soñado con un tesoro enterrado debajo de su casa. Bajó al sótano y comenzó a cavar hasta encontrar monedas de oro valuadas en u$s42.600.
Los periódicos relacionaron aquel descubrimiento con las riquezas de Swift, aunque nunca se demostró que realmente le pertenecieran. También surgieron dudas sobre algunas monedas especiales que supuestamente había mandado a fabricar, por lo que parte de las historias sobre sus tesoros quedó sin confirmar.
¿Cuánto valdría hoy el oro perdido de Granville Swift?
Una de las estimaciones históricas más conocidas sostiene que Swift llegó a esconder alrededor de u$s100.000 en oro. Durante el siglo XIX, el precio oficial del metal rondaba los u$s20,67 por onza troy.
Con esa referencia, la suma equivalía a unas 4.838 onzas de oro puro. Si se toma una cotización de u$s4.150 por onza, el valor del metal ascendería aproximadamente a u$s20,1 millones.
La cifra representa una equivalencia teórica y no implica que semejante cantidad continúe enterrada. Los descubrimientos realizados durante el siglo XX permitieron recuperar parte de las riquezas atribuidas al antiguo minero, pero nunca existió un inventario completo de sus escondites.
Si alguna de aquellas monedas originales apareciera en la actualidad, además, podría alcanzar un precio superior al valor del metal. Las piezas estadounidenses del siglo XIX son buscadas por coleccionistas y su cotización depende del año de acuñación, la rareza y el estado de conservación.





