Millones de sueños cruzan fronteras cada año, impulsados por la esperanza de un futuro mejor. Algunos quedan en el camino; otros, como el de una pareja coreana que llegó a Los Ángeles sin dinero ni contactos, se convierten en ejemplos de perseverancia, ambición y talento para los negocios.
Llegaron a Estados Unidos con la idea de trabajar en un café, pero terminaron creando un gigante de la moda
Con una visión clara y esfuerzo constante, una pareja transformó su vida y levantó un imperio que movió millones en la industria de la moda.
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Do Won y Jin Sook Chang fundaron Forever 21 y convirtieron su esfuerzo en una marca global que generó millones y marcó tendencia en la moda.
Su historia no se define por la suerte, sino por una estrategia aguda, jornadas maratónicas de trabajo y una lectura precisa del mercado juvenil. Lo que comenzó como un intento por sobrevivir en un nuevo país terminó por revolucionar la industria de la moda rápida.
El sueño americano que terminó en un imperio de millones: la historia de Do Won y Jin Sook Chang
Do Won Chang llegó a Estados Unidos en 1981 junto a su esposa Jin Sook con la intención de montar un café. Pero al observar que quienes conducían los autos más lujosos estaban ligados al rubro textil, cambió de rumbo. Trabajó lavando platos, en estaciones de gasolina y como conserje hasta reunir los 11.000 dólares necesarios para abrir su primera tienda de ropa.
La pareja compró un local en Los Ángeles y comenzó a vender prendas al por menor que adquirían a bajo costo a fabricantes coreanos. Con esa fórmula, lograron ventas de 700.000 dólares en apenas un año. Repetir el modelo fue cuestión de tiempo: nuevas sucursales abrieron cada seis meses.
El negocio evolucionó hasta llamarse Forever 21 y alcanzó los 4.000 millones de dólares en valor de mercado, con 790 tiendas distribuidas en 48 países. Mientras tanto, la fortuna de los Chang trepó a los 3.000 millones, según estimaciones de Forbes.
Su hija mayor, Linda Chang, hoy dirige el departamento de marketing. Con su hermana Esther, también lanzaron su propia marca de cosméticos, Riley Rose. La familia mantiene un perfil religioso activo y un fuerte control sobre las decisiones estratégicas de la compañía.
Forever 21 se declara en quiebra por segunda vez
Pese a su éxito, Forever 21 fue señalada por prácticas laborales abusivas y copias de diseños, lo que derivó en numerosos litigios y pagos millonarios para evitar nuevas demandas. Además, su modelo de producción acelerada a bajo costo atrajo críticas de organizaciones ambientalistas.
Con un mercado cada vez más competitivo y cambios en los hábitos de consumo, la marca afronta un escenario desafiante. En 2025, Forever 21 se declaró en quiebra por segunda vez, tratando de redefinir su propuesta en un entorno menos tolerante con la sobreproducción textil.
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