Las startups fueron las estrellas principales del foro de inversiones que se llevó a cabo en Rosario, en el marco del Santa Fe Business Forum que organizó el gobierno provincial que encabeza Maximiliano Pullaro.
Los objetivos de dos startups argentinas: romper un monopolio chino y ser el Google Maps del campo
Lucía Curti, de la biotech Alkemio, y Juan Manuel Baruffaldi, de la agtech DeepAgro, presentaron sus experiencias en el Santa Fe Business Forum. Qué le piden al Estado para poder crecer.
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Juan Manuel Baruffaldi, de la agtech DeepAgro, habló en el Santa Fe Business Forum. Lucía Curti, de la biotech Alkemio, espera su turno.
Ámbito reunió testimonios de dos casos testigos que participaron del encuentro. Lucía Curti, de la biotech Alkemio, y Juan Manuel Baruffaldi, de la agtech DeepAgro.
Sus experiencias, más allá de algunas diferencias lógicas, recorren caminos similares, desde el origen de los proyectos hasta las diferentes rondas semilla para captar las primeras inversiones que les permitan sostener los proyectos.
Pese a exhibir un recorrido exitoso logrado sin intervención ni aporte estatal, los emprendedores tienen como aspecto en común las demandas dirigidas a los poderes públicos para que la burocracia no ponga palos en la rueda de sus proyectos.
En un caso, los reclamos apuntan contra las demoras en los plazos de importación de insumos básicos (en este caso reactivos) para la producción local. Y en el otro, el pedido apunta a obtener reglas claras y estables que permitan realizar una planificación de por lo menos un año calendario.
Alkemio, la biotech argentina que busca romper un monopolio de China
Lucía Curti es cofundadora de la biotech Alkemio. “Nuestro principal objetivo es refinar y purificar metales críticos para la transición energética, en particular nuestro interés está en elementos de tierras raras que se usan en la vida cotidiana. Y lo hacemos mediante una tecnología de reconocimiento molecular. Estos metales se utilizan principalmente en electrónica, turbinas eólicas, microchips, motores”.
Pero estos metales críticos no son tan raros como parecen por sus nombres. Están distribuidos en todo el mundo. Y el gran problema que enfrentan no es su rareza sino que el 90 por ciento de estos materiales se procesan en China, que tiene el monopolio de un mercado incipiente valorado en 36 billones de dólares.
“De este lado del mundo sólo existen dos o tres compañías que están en escala piloto. Ahí aparece nuestra solución. Nosotros tenemos una tecnología de reconocimiento molecular que nos permite directamente sacar el metal de interés desde una mezcla compleja y transformarlo en óxidos que están disponibles y con alto nivel de pureza para ser incorporados a la cadena de valor, ya que se usan en distintos componentes de electrónica”, explica Curti.
Con Alkemio se proponen ser uno de los “top players” que logra descentralizar el modelo de refinado de metales críticos de este lado del mundo. Con ese objetivo, está abriendo una nueva ronda de inversión y busca recaudar 4 millones de dólares para avanzar en sus desarrollos.
“Somos cuatro fundadores y tenemos cuatro empleados. No tenemos clientes. Hacemos colaboraciones con mineras de la región. La próxima ronda de negocios que estamos yendo a buscar nos va a permitir empezar a crecer. Pasar a una escala de kilos cuando nosotros hoy trabajamos en gramos. Tenemos un esquema de trabajo para demostrar cuáles van a ser los pasos siguientes, donde queremos poner la planta, crecer en equipos y movernos a Estados Unidos”, detalló.
A la hora de plantear cuáles son las demandas que tienen para hacerle a los poderes públicos, no habla de subsidios ni de ninguna asistencia directa. “A lo largo de todos estos años y en base a nuestra experiencia en esta startup y en otras anteriores, creo que se necesita más empuje principalmente en la logística. Encuentro muchas trabas en importaciones, sobre todo nosotros que dependemos de reactivos necesitamos contar con tiempos competitivos ya que no podemos esperar seis meses. Ahí se deberían gestionar canales diferenciales. Tener un apoyo desde ese lado puede ser de mucha ayuda, porque sino no soy competitiva. Puedo tener un plan excelente pero si no llego a entregar a tiempo quedo mal parada con mi cliente”.
DeepAgro, la agtech que quiere ser el Google Maps del campo
Juan Manuel Baruffaldi nació en la localidad santafesina de Casilda, como parte de una familia de productores agropecuarios. Se acostumbró a ver a su padre lidiar con distintos problemas que planteaba esa actividad y se propuso encontrar herramientas para ayudarlo a resolverlos.
Fue a estudiar ciencias de la computación en la universidad de Rosario, donde se especializó en inteligencia artificial. Y un día se propuso comunicar esos dos mundos y volcar lo aprendido en la academia a los problemas de su padre productor.
Así fue como surgió en 2017 DeepAgro, con la intención de aplicar la IA para resolver el impacto ambiental de la actividad y cambiar el día a día del agro.
De la fundación de DeepAgro participaron cinco socios. En 2019 hicieron la primera ronda de inversión, en la que participaron Adecoagro y Venture, entre varios fondos, organismos e instituciones que se interesaron por la tecnología que ofrecía soluciones para el campo.
Así, en 2020 se sumaron los primeros inversores, que eran productores que querían aplicar la solución tecnológica a los problemas de sus propios campos.
Actualmente, DeepAgro tiene 46 personas trabajando en la empresa. Y operan en Argentina y Uruguay. Ingresaron a Brasil este año. Y planean entrar a Estados Unidos en 2025.
Hicieron 5 productos beta y comenzaron a producir tecnología para exportar sus servicios. Tuvieron sus primeros 15 clientes en 2022, que fue un puntapié importante para el crecimiento de la startup. “Esos clientes se ocuparon de contarle al mundo lo que eran nuestros productos y nos dieron un gran impulso”, comenta Baruffaldi.
En 2023 hicieron la segunda ronda de inversión y con esos fondos financiaron su desembarco en Brasil. Ahora comenzaron a gestionar una ronda Serie A para poder ingresar a Estados Unidos en 2025.
“Pasamos la pandemia, la guerra y seguimos creciendo. Y llevamos a lo largo de nuestra historia una reducción de más de 300 toneladas de plásticos, 42 millones de litros de agua potable, más de 24 mil millones de dólares de reducción de costos para los productores”, detalló el cofundador de DeepAgro.
Al igual que su colega de Alkemio, sus reclamos al sector público no pasan por los beneficios fiscales. “Necesitamos reglas claras por un lapso de tiempo importante, que nos permita ser competitivos y planificar con tiempo. Tenemos ciclos de planificación de un año”, planteó.
“Queremos cambiar la forma de aplicar los productos químicos y eliminar el uso de agroquímicos en el agro y potenciar el rendimiento del cultivo y lo hacemos mediante inteligencia artificial. Nos vamos a posicionar en el corto plazo como actores relevantes de aplicación de inteligencia artificial en el agro y estamos impulsando un proyecto disruptivo. El último cambio de este tipo que tuvo el sector fue la siembra directa, que nació en Argentina”, comentó.
La base de la tecnología de la startup son cámaras de alta resolución que recorren los campos con la intención de identificar y eliminar las malezas. Pero hay mucho más que eso: “Estamos haciendo una base de datos del agro más importante del mundo. Como Google filmó todas las calles de todo el mundo nosotros estamos filmando todos los campos, recolectando datos mediante inteligencia artificial, y dando soluciones que mejoren la productividad de los productores agropecuarios”, concluyó.



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