Neuquén también tiene su vendimia: cuál es el secreto y potencial de sus vinos

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La provincia celebró a fines de abril la primera edición de su vendimia en forma presencial, con el objetivo central de poner en valor el Camino del Vino Neuquino, cuya historia comenzó hace apenas dos décadas.

Con epicentro en San Patricio del Chañar, 45 kms al norte de la capital provincial, Neuquén celebró a fines de abril la primera edición de su vendimia en forma presencial, con el objetivo central de poner en valor el Camino del Vino Neuquino, cuya historia comenzó hace apenas dos décadas.

Las principales bodegas de la zona, enólogos, trabajadores y la población de San Patricio emularon la legendaria Vendimia mendocina, pero desde una propuesta con fuerte identidad patagónica. Es que la particularidad climática que envuelve a la cuenca neuquina, marcada por la poca humedad, las bajas precipitaciones, los fuertes y constantes vientos, el agua de deshielo y la gran amplitud térmica, crean condiciones especiales para la producción de vinos tintos, blancos, y espumantes, que vienen ganando reconocimiento a nivel mundial por tales características.

Básicamente, son una combinación de factores que permite gran sanidad en la planta de la vid, una maduración lenta de la uva y un balance ideal de azúcares, ácidos y aromas, dicen los enólogos.

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Viñedos Familia Schroeder.

Viñedos Familia Schroeder.

“Así como Mendoza arrancó con esta fiesta popular allá cerca de 1940, y hoy está posicionada como uno de los eventos a cielo abierto más grandes del mundo, a la altura de los carnavales de Río de Janeiro y Venecia o los festejos de Año Nuevo chino, apuntamos a que Neuquén pueda plasmar en su Vendimia la identidad de la industria, capitalizando la infraestructura existente, y haciéndola crecer", sostiene el empresario Julián Arostegui, quien junto al Intendente de San Patricio del Chañar, Leandro Bertoya, articuló esta iniciativa público privada que arrancó en 2021 en forma virtual.

El apoyo municipal a este evento se ve complementado por la intervención de las principales bodegas de la zona, entre las que se encuentran Del Fin del Mundo, Malma, Familia Schroeder y Secreto Patagónico.

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Con espectáculos populares, propuestas gastronómicas y visitas a bodegas, la Vendimia Neuquina convocó a reconocidos chefs de la gastronomía argentina, como Pablo Massey, Pancho Fernández de Bodega Malma o Ezequiel González de Bodega Schoreder, y a músicos, como Zorrito von Quintero, Hilda Lizarazu y Juanchi Baleirón.

“La vendimia, el cosechar la materia prima del vino, sobreviene luego del trabajo de un año, de cuidar el fruto en una zona favorecida por la amplitud térmica que se da entre el día y la noche”, explica el intendente Bertoya.

Con casi 100 bodegas, la provincia produce y comercializa alrededor de 13 millones de litros de vino por año, en unas 1.768 hectáreas de viñedos, un 6,8% más que hace una década. Además de tener especiales condiciones climáticas, Neuquén tiene la particularidad de ser la provincia con viñedos más grandes, llegando a 18,4 hectáreas el tamaño medio del viñedo, según datos de 2021 del Instituto Nacional de Vitivinicultura.

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Entre las 18 provincias argentinas que registran superficie de vid, Neuquén se ubica en el sexto puesto con 0,8% del total del país, detrás de Mendoza (70,6%), San Juan (20,7%), La Rioja (3,6%), Salta (1,7%), y Catamarca (1,3%); pero cuenta con el liderazgo en la región de la Patagonia, superando a Río Negro (0,7%). Estas 7 provincias representan el 99,4% de la superficie total.

Actualmente, la Patagonia argentina concentra alrededor de 4.550 hectáreas de viñedos cultivados y es la región más austral del planeta para el desarrollo de la industria vitivinícola. Entre las variedades plantadas en San Patricio del Chañar aparecen Malbec, Merlot, Pinot Noir, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Syrah, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Semillón, entre otras.

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Ricardo Galante, enólogo de Bodega Del Fin del Mundo, recuerda que “hace más más de 20 años la zona estaba rodeada de arbustos de la barda: todo lo que hoy es viñedo, era todo estepa”.

En 1997 se realizaron las primeras plantaciones en San Patricio del Chañar, a partir de la iniciativa de la familia Viola, quien luego fundó de Bodega Fin del Mundo, cuyo primer vino vio la luz recién en 2002. Diez años después, la familia Eurnekian se sumó a este proyecto vitivinícola, y en 2019 quedó como única propietaria. Los Viola, por su parte, quedaron al frente de Malma.

Las primeras plantaciones fueron mayoritariamente de Malbec, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Merlot, y Cabernet Franc. “Fue en principio como un proyecto inmobiliario, porque la idea era plantar distintas parcelas -rodeadas de alamedas que buscan contener el viento-, para que se unan otras bodegas. Con el tiempo, y gracias al impulso del estado provincial, se sumaron Schoreder, Patritti, Malma, y quedó conformado el valle vitivinícola neuquino”, relata Galante.

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Pinot Noir, la cepa emblemática de la Patagonia

Un debate crucial entre todas las bodegas patagónicas fue definir cuál sería la cepa emblemática de la zona. En el año 2012, y tras varias discusiones, hubo consenso y la elegida fue Pinot Noir, actualmente en el top 20 entre las variedades más producidas en el país (después de Mendoza, Neuquén y Río Negro son las dos provincias con mayor superficie plantada).

Los vinos Pinot Noir son los más caros del mundo. “Es una cepa muy difícil de hacer, lo dicen todos a nivel mundial, pero acá tenemos las condiciones ideales para desarrollarla, a partir de nuestro clima seco. Es un Pinot continental único”, señala Tomás Groppo Parisi, socio de Bodega Secreto Patagónico.

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En 2020, Pinot Noir 32 de la Bodega rionegrina Chacra, a quien Secreto Patagónico le vende sus uvas, fue elegido como el mejor vino del mundo dentro de esta variedad por el crítico estadounidense James Suckling.

Además de elogiar las características organolépticas del vino, Suckling resaltó su forma de producción respetando el medio ambiente, de una manera sustentable que lo hace aún más especial, "con un carácter claro y genuino que refleja su ecosistema".

En los últimos dos años, el Pinot Noir tuvo un crecimiento exponencial en el mercado interno, a partir de “su frescura y mineralidad”, que son demandados por las nuevas generaciones, remarca Groppo Parisi. “Los consumidores millennial buscan vinos más suaves, y el Pinot es el más suave de los tintos; es un vino elegante por naturaleza”, remata.

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