Opiniones

Neoliberalismo nunca más

Las recetas de "reforma laboral" impulsadas por el FMI en nuestro país, muestran resultados que no dejan dudas de la insostenibilidad del neoliberalismo llevado a cabo desde la asunción de Macri.

Las crisis de cada estadio capitalista engendraron nuevas ideas que germinaron en una nueva etapa, como respuesta a la crisis que la precedió. Así ocurrió con la emergencia del keynesianismo en la salida de la crisis del liberalismo de 1930. Keynes abordó el problema moral del libre mercado en su incapacidad para generar ocupación plena y planteó la necesidad de regular el sistema económico y la responsabilidad del Estado para lograr el pleno empleo: “no es verdad –sostuvo- que los individuos poseen, a título prescriptivo, una libertad natural en ejercicio de sus actividades económicas”. La expansión del gasto, la distribución del ingreso y la regulación del comercio fueron instrumentos para salir de la “anarquía económica” derivada de los principios “metafísicos” del Laissez-Faire. Así, en la EmploymentAct de 1946 se institucionalizó la idea de que la ocupación plena era una obligación del Estado. El liberalismo económico fue superado por tres décadas de Estado de Bienestar, donde la producción y el empleo ganaron centralidad.

Sin embargo, en 1947el austríaco Von Hayek fundó la Sociedad Mont Pellerin, desde donde los intelectuales neoliberales, con apoyo del poder económico y financiero, prepararon la ofensiva contra las ideas heterodoxas. La Universidad de Chicago fue la usina que cobijó al neoliberalismo, incluyendo–con apoyo financiero del gobierno de Truman- el convenio con la Universidad Católica de Chile, que permitió formar cuadros neoliberales que entraron en escena tras el golpe de estado contra Salvador Allende, al que siguieron otros en la región, entre ellos el del 24 de marzo de 1976 en nuestro país. Desde Chicago, Milton Friedman, temprano integrante de MontPellerin, había emprendido, financiado por la Fundación Rockefeller, el desarrollo de teorías y políticas que hegemonizaron el pensamiento y la política económica desde la década del ’70. Del debate con el keynesianismo, la ortodoxia terminó reconociendo que el capitalismo de libre mercado no asegura el pleno empleo, y que exige una “tasa natural no-inflacionaria” de desocupación. De esa conclusión, siguió una ofensiva contra los trabajadores, acusados de inflexibilidad por defender las conquistas sociales, que sigue marcando las recetas de “reforma laboral” impulsadas por el FMI en nuestros días.

Los resultados de la etapa no dejan dudas de la insostenibilidad del neoliberalismo, una realidad de la que nuestro país no escapa. Según Altimir, Beccariay González Rosada en “La distribución del ingreso en la Argentina, 1974-2000”, el índice de Gini empeoró sensiblemente desde 0,36 en 1974 a 0,51 en el año 2000. Por su parte, en 1974 la pobreza era inferior al 5% de los hogares, mientras que en el año 2000 abarcaba al 21 por ciento. En 2003, el 59,3% de los argentinos eran pobres, conforme la actual metodología del Indec, mientras que el Gini había trepado hasta 0,53. El período 2003-2015 marcó un punto de inflexión: al final del tercer gobierno kirchnerista, la pobreza había descendido hasta el 26,9% y el Gini mostraba la mejora en la distribución, bajando hasta 0,41. Pero, en el año 2008, la crisis que se abrió con la caída de Lehman Brothers señaló otro punto de inflexión: el del agotamiento del capitalismo financiero a escala global. En nuestro país el neoliberalismo recuperó las riendas con la asunción de Mauricio Macri. En menos de 4 años, la pobreza alcanzó al 35,2% de los argentinos (primer semestre de 2019) y el Gini volvió a empeorar ubicándose en 0,43. La rotunda derrota de Cambiemos en las urnas, de la mano con el vertiginoso deterioro de las condiciones económicas y sociales, no hizo sino confirmar la inviabilidad política y social del neoliberalismo, que se encuentra cuestionado en todo el mundo.

Como en la crisis del ’30, empiezan a florecer ideas alternativas en el campo económico. En los países centrales, tal vez, con la Universidad de Columbia como uno de los ámbitos más visibles. Allí, el premio nobel de Economía Joseph Stiglitz viene promoviendo una salida al actual estadio neoliberal que sintetiza bajo del concepto de “Capitalismo Progresista”. Marcos teóricos heterodoxos, como la Teoría Monetaria Moderna, que echan por tierra con las recetas de austeridad mientras alientan el rol del Estado y el gasto público como dinamizador de la demanda, ganan terreno en Europa y los Estados Unidos. Más importante aún, trascendiendo la esfera económica, resulta el aporte del Papa Francisco, que ofrece una visión alternativa de la sociedad y del mundo, mientras condena enfáticamente al neoliberalismo, a lo largo de sus encíclicas y, más recientemente, con su llamado al encuentro de Asís en marzo de 2020 donde ha convocado a jóvenes economistas a realizar un “pacto” para cambiar la economía actual por “una que da vida y no mata, incluye y no excluye, humaniza y no deshumaniza, cuida la creación y no la despoja”.

Partiendo de aquello que enseñaba Perón respecto de que hay que gobernar para el porvenir, es esperanzador pensar que la nueva etapa política que se abre en nuestro país, en sintonía con las nuevas brisas que recorren el mundo, es también una oportunidad para aportar a la construcción de un tiempo diferente donde el neoliberalismo sea parte de la historia, y nunca más una amenaza para el futuro.

(*) Diputada Nacional, Economista

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