13 de octubre 2005 - 00:00

Alimentos complican la reducción de inflación

La inflación de setiembre, de 1,2%, dominó durante algunos días el escenario por varias razones, tal vez la principal, por la sorpresa que provocó a los funcionarios económicos que la suponían mucho más controlada, y habían hecho un gran esfuerzo por reciclar viejas recetas para lograrlo. Pero más grave aún es que las previsiones no son mejores. Es que buena parte de los aumentos se debe a la suba de distintos alimentos, justamente el rubro donde el gobierno más intervino, intentando desalentar cualquier modificación alcista (especialmente, antes de las elecciones).

Así, al previsible fracaso de la seguidilla de «acuerdos» de precios (cortes de carne vacuna, pollos, lácteos, medias reses, híper y supermercados, etc.) se agregaron otras medidas del mismo tenor, como la prohibición de faena para vacunos de menos de 300 kilos, que ya fue modificada de su versión original, y no se descarta que lo sea más aún. Ahora, ante la evidencia incontrastable de la realidad, algunos de los voceros oficiales quieren atribuir los aumentos al mayor poder de compra interno cuando, en realidad, poco o nada parece incidir este factor en este momento. Más bien, en los alimentos, las subas se deben a la conjunción de elementos climáticos y de estacionalidad en varios rubros.

• Factores climáticos

De hecho, la aguda sequía que viene golpeando hace meses a buena parte del país, sumada a la cantidad de heladas tardías que se produjeron durante todo setiembre (y hasta ahora), afectaron fuertemente la oferta de verduras y hortalizas que fue uno de los rubros que más subió. Algo similar, aunque en menor grado, sucedió con las frutas. Pero también aumentaron, entre otros, la carne, los lácteos y el pescado (éste por cuestiones gremiales).

El tema es que las condiciones climáticas, elemento que en general es muy poco tenido en cuenta por los economistas, ya provocaron mermas en la oferta, incluso, del año próximo, y esto se puede agudizar más aún si las condiciones no se revierten pronto.

Concretamente, ya se prevé una reducción en la próxima cosecha, de alrededor de 8 a 10 millones de toneladas sólo entre trigo y maíz.

En el primer caso, ¿cuál puede ser la situación de la molinería y, por ende, del pan, ante una oferta de alrededor de 12 millones de toneladas que, si bien sería suficiente para el consumo interno, va a presentar muchos problemas de calidad y, naturalmente, también va a tener la presión de la exportación? En el caso del maíz, ocurre algo similar pues la reducción que ya se estima ronda los 5-6 millones de toneladas. El agravante aquí es que este cereal es especialmente requerido para la producción de pollos, de leche y también, en cierta medida, de carne vacuna.

Pero además se espera, a causa de la seca, una menor parición de terneros, y un estado general de la hacienda que va a costar mucho recuperar. Todo este escenario tiene muy pocas posibilidades de cambios positivos, aunque sí puede empeorar: por mantenimiento de las condiciones climáticas negativas, por mayor debilitamiento de los precios internacionales de los transables ( especialmente los agrícolas), por nuevas subas en los costos de producción (insumos y mano de obra, entre otros), por nuevas intervenciones del gobierno en los mercados, o por la conjunción de varias de ellas que desalienten adicionalmente la producción.

En este sentido, por ejemplo, los anuncios oficiales de mantenimiento de las actuales condiciones fiscales (retenciones/impuestos a la exportación; Ganancias sin indexar, impuesto al cheque, etc.) hasta 2009 no contribuyen justamente a mejorar las perspectivas productivas. Por otro lado, el lógico incremento de la demanda durante diciembre (fiestas y aguinaldos), más los previsibles aumentos de salarios que ya demanda -inflación mediante- la mayoría de los gremios, hacen prever una presión sobre la acotada oferta que difícilmente pueda ser controlada por «decreto» como pretendió hasta ahora, y evidentemente sin éxito, Roberto Lavagna. Sólo una mayor producción puede permitir satisfacer los mercados externos y a los consumidores locales, sin que los precios se disparen. Lección básica de Economía I.

(*) Candidata a 2ª senadora nacional por Propuesta Republicana (PRO).

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