2 de diciembre 2005 - 00:00

Bolivia castiga a los "tránsfugas"

La jueza federal María Servini de Cubría acaba de rechazar la acción judicial que pretendía evitar la proclamación como diputado del médico Eduardo Lorenzo, más conocido como «Borocotó». Lo hizo sosteniendo que el cuestionamiento de orden moral o ético que provoca el lamentable proceder de «Borocotó» no es suficiente para -desde el ámbito particular de la Justicia- acceder a lo que solicitaban quienes -con justa indignación- procuraban evitar que se consume una monumental estafa al pueblo argentino. Cuidando de no encolerizar al poder, la jueza prefirió en cambio recomendar abiertamente a la Cámara respectiva analizar la «idoneidad» para el cargo del cuestionado «Borocotó». Por esto, es ahora altamente probable que el «macrismo» impugne a «Borocotó», por su vergonzosa conducta, en el seno de la propia Cámara baja. Como debe ser.

«Borocotó» se ha transformado, en esencia, en un auténtico «tránsfuga» de la política. Entendiendo por tal a aquel que, según dice el Diccionario de la Real Academia, decide «pasar de un partido a otro». Esto, es obvio, no es éticamente aceptable cuando se «usa» a un partido para, de su mano, acceder a un cargo electivo para, enseguida de lograrlo, «pasarse» (por los sospechosos motivos que sean) descaradamente a otro distinto. Así de claro.

• Política y ética

Lo de «Borocotó», aunque algunos se empeñen tenazmente en defender lo indefendible, es una falta de ética política. En mi opinión, inexcusable. Hace ya décadas, el propio Mohandas K. Gandhi nos hablaba de los «siete pecados sociales», de orden capital.

El primero en esa lista, nada menos, es el que Gandhi define como el de «la política sin principios». De esto se trata y todos los legisladores que ahora tendrán que considerar la « situación» de «Borocotó», sin excepciones, debieran tener esto muy en cuenta. Especialmente cuando la «imagen» de la «clase política», en su conjunto, está tan desprestigiada como efectivamente lo está entre nosotros. Aparece entonces una oportunidad para comenzar a construir entre todos los que creemos en la República -más allá de las habituales declamaciones que no engañan a los pensantes- una «nueva» política. Porque prestigiar, de veras, al disfuncional «mundo» que conforman nuestros políticos es tarea impostergable. Ocurre que una política que opere abiertamente de espaldas a la ética es capaz de generar, de pronto, toda suerte de arbitrariedades y peligros para la República.

• El ejemplo boliviano

Aunque quizás a algunos les cueste, esta vez debemos aprender -y mucho- de la atribulada Bolivia. Hace pocas horas, en sesión discreta y reservada, la Cámara de Diputados del país hermano declaró probadas las denuncias de «transfugio» o «transfuguismo» político de una decena de legisladores que habían «cambiado de bando», burlando así la confianza en ellos depositada por sus electores. Esto es, violando el contrato social implícito que emerge de las urnas. Ante la certeza de que inevitablemente terminarían expulsados por sus pares, todos los parlamentarios «tránsfugas» del país del norte presentaron -precipitadamente- sus renuncias a las bancas legislativas (los «curules», en Bolivia) que ocupaban. Las denuncias habían partido, como corresponde, de la propia «Comisión de Etica» de la Cámara baja. Recuerdo que el Artículo 5 del Código de Etica de la Cámara que -como debe ser en un país que quiere ser serio- gobierna las conductas de los legisladores bolivianos, especifica que quienes acceden a una banca en el marco de la acción de un partido político no son independientes y no pueden ser candidatos de otros partidos, mientras dure su mandato. Lo que cae de maduro. Mucho menos pueden pretender obtener una banca y «negociarla» en fraude a sus electores con otro partido político. Lo que es gravísimo, sean cuales fueren las pretendidas «razones». Esto no es prehistoria. Es la realidad actual de un país vecino, al que cabe admirar porque -aún en situaciones de crisis- se esmera por desterrar la inmoralidad de la política, lo que -está claro- no es tarea fácil.

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